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¿Cuánta grilla aguantará el Banxico? - banxico_zh_2x2x.jpg_73367373
El Economista

¿En qué consisten la autonomía e independencia del Banco de México? Hay muchas formas de contestar esa pregunta, pero se necesitaría retorcer mucho los argumentos para decir que esa autonomía e independencia quedan intactas mientras se subordina el nombramiento del gobernador del banco central a los tiempos que marca el ritual de nominación del candidato del Partido Revolucionario Institucional.

No soy tan ingenuo como para pretender que el Banxico vive en una galaxia paralela a la del tablero político. Tampoco pretendo menospreciar la fortaleza institucional del Banco de México ni la calidad de su Junta de Gobierno. Solo quiero enunciar lo obvio: la salida de Agustín Carstens se produce en un contexto donde hay incertidumbre en muchos de los temas que tienen que ver con las tareas sustantivas del Banco de México. Esa incertidumbre se acrecienta con la postergación del nombramiento del próximo gobernador.

Falta una semana para que concluya el ciclo de Agustín Carstens en el Banxico y ya empezamos a hacernos la idea de que habrá un interino, porque no se ha tomado la decisión sobre el próximo gobernador. El problema no es la postergación en sí misma, ni siquiera el interinato, sino la confirmación de una sospecha: el Banco de México no está siendo tratado como la institución económica más prestigiada del Estado mexicano, sino como una oficina subordinada a las necesidades de la campaña del partido en el Gobierno. Esto es grave en forma y fondo, además peligroso en la coyuntura actual. Estamos viviendo tiempos de turbulencias. ¿Por qué correr el riesgo de someter al Banco de México a la lógica de la grilla partidista?

Cuando digo tiempos de turbulencias no exagero. Tenemos la renegociación del TLCAN que tiene en vilo a todo el ecosistema económico; además, una constelación de asuntos. Uno de ellos, directamente relacionado con el Banxico, es que la inflación sigue sin responder a los intentos de “amansarla”. El incremento de los precios al consumidor en la primera quincena de noviembre fue 0.92 por ciento, muy por encima del 0.7 por ciento que esperaban los especialistas. La inflación anualizada está en su nivel más alto desde el año 2000.

La persistencia del brote inflacionario ha hecho trizas las proyecciones del propio Banco de México. El aún gobernador Carstens estaba convencido hace apenas tres meses de que la inflación estaría marcando una tendencia descendente a fines del 2017 y que navegaría en el 2018 de regreso a los niveles de 3 por ciento. Esto no ocurrirá.

El combate a la inflación es la principal tarea del Banco de México, pero no es la única. Al banco central de México le corresponden tareas tan “sencillitas” como ayudar a estabilizar el mercado cambiario y ordenar las expectativas respecto al valor del peso frente a otras monedas; también le toca participar en la regulación y vigilancia del sistema financiero y trabajar en coordinación con otros bancos centrales.

¿Podrán ejecutarse esas tareas (y otras más) con eficiencia en un contexto de indefinición del gobernador del Banco de México? Es casi imposible, especialmente en un año electoral. Hay un riesgo real de contaminación política que se agudizará en la medida en que se postergue el nombramiento del sucesor de Agustín Carstens. Cuesta mucho construir grandes instituciones. Más vale no averiguar cuánta grilla pueden resistir.

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