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¿Quién iba a pensar que una corporación automotriz germana aplicaría un truco digno de abarrotero de república bananera?

¿Cuánto daño puede hacer el escándalo Volkswagen? Depende de cuántas cucarachas más aparezcan en el plato. Las cosas entrarían en la dimensión desconocida, si se confirman las versiones de que BMW también hizo trampa con la medición de emisiones de sus autos diésel.

¿Por qué? La industria automotriz es el motor de la economía alemana. Allí hay 43 plantas automotrices, donde se produce un tercio de los automóviles de Europa. De las 100 mayores productoras de autopartes del mundo, 21 son alemanas. El año pasado generó 384,000 millones de euros en ventas y mantuvo una plantilla laboral de 760,000 trabajadores con un sueldo promedio superior a los 60,000 euros anuales. El 77% de los autos que se producen ahí se destina a la exportación. Uno de cada cinco automóviles que circulan en el mundo tiene marca germana.

En la economía de Alemania, la industria automotriz tiene un peso comparable al que tiene el sector financiero en la economía estadounidense. Por eso, el escándalo de las emisiones tuvo una fuerte repercusión en la Bolsa de Valores de Frankfurt. Lunes negro, le llamaron los analistas a la jornada donde los inversionistas empezaron a digerir el plato con cucarachas que sirvieron con las noticias del fraude de los motores diésel.

¿Estamos ante un cisne negro? Nassim Nicholas Taleb define así a sucesos que tienen mínimas probabilidades de ocurrir, pero producen efectos catastróficos, en caso de que se materialicen. En el 2007, la quiebra de Lehman Brothers fue como una bomba que agarró casi a todos por sorpresa. Con su hundimiento, detonó la segunda recesión más importante desde la ocurrida en la década de los 30 del siglo pasado.

Que levante la mano el que pueda afirmar que vio venir la cucaracha en el caso de VW. ¿Quién iba a pensar que una corporación automotriz germana aplicaría un truco digno de abarrotero de república bananera? Los alemanes habían trabajado con excelencia durante décadas para convencernos de que eran el non plus ultra de la confiabilidad. Tenían (¿tienen?) una de las marca país más valiosas del orbe. Se les reconocía su capacidad técnica, pero también su compromiso con valores vinculados a la responsabilidad social corporativa.

La influencia global de VW se deja sentir en las infinitas repercusiones que tiene el escándalo. La crisis reputacional se vive en la mayoría de los 31 países donde VW tiene plantas de producción y en los 153 donde tiene distribuidoras. En Estados Unidos se han desplomado las ventas. En Corea, Japón y Europa se han abierto investigaciones en busca del hilo negro. En México, el gobernador de Puebla empieza a hacer cuentas y buscar alternativas. En España, el ministro de Industria ha dejado de decir que se trata de un problema localizado en Alemania. La planta que fabrica Seat, propiedad de VW, también empleó software tramposo en miles de vehículos. Los expertos se preguntan si es el principio del fin de la era del diesel en autos chicos.

¿Estamos ante las primeras escenas de una nueva crisis sistémica? Todo depende de cuántas cucarachas más aparezcan. Si se confirma lo de BMW, el nerviosismo no encontrará punto de reposo. La industria automotriz alemana es too big to be rescued, demasiado grande para ser rescatada. Ya lo dijo el novelista Philip Roth, muchos creen que la historia es algo que ocurre a la larga, pero siempre ocurre de repente.

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