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Si fuera simplemente un asunto de buena voluntad, la economía mexicana debería estar creciendo arriba de 5 por ciento. Pero, desafortunadamente, el desempeño del Producto Interno Bruto (PIB) no está ligado a los índices de popularidad del presidente ni a ninguno de los pensamientos mágicos que hoy dominan la escena política.

Los pronósticos económicos que se pueden tomar en serio no están influidos por las filias y fobias políticas que dominan nuestra vida cotidiana.

No debe ser muy agradable para un gobierno que empieza que se reduzcan 50% los pronósticos de crecimiento del PIB para este año y que le digan que el desabasto inducido de gasolinas va a afectar la expansión económica.

Pero no hay complot en las estimaciones del Bank of America Merrill Lynch (BofA-ML), que redujo de 2 a 1% su pronóstico de crecimiento del PIB mexicano en el 2019. Hay una combinación de factores que sí pasan por las decisiones internas, pero hay un alto componente de situaciones externas que escapan completamente a la cuarta transformación.

El presidente Andrés Manuel López Obrador lo toma como un desafío y considera a los analistas poco serios, porque él tiene otros datos. Su apuesta es que la economía mexicana va a crecer más de 2% este año.

Ya entrado en el terreno de las estimaciones, López Obrador aseguró que el comportamiento del peso, que se ha apreciado algo así como 6%, desde los 20.16 al inicio de su gobierno a los actuales 19, se debe a una muestra de buena salud financiera de México.

El problema de adjudicarse un buen desempeño de los mercados financieros es que cuando hay malos resultados los políticos no encuentran cómo zafarse de ellos y entonces empiezan a repartir culpas. Eso se lo hemos visto recientemente a Donald Trump.

Mal haría el gobierno actual en casarse con la paridad cambiaria, porque su nivel depende de muchos más factores que las decisiones internas. Y el dólar va a subir de los actuales 19, sí o sí.

Ya si no quieren aceptar que la decisión de aeropuerto tiró la cotización del peso frente al dólar, ésa es otra historia.

Se multiplican los pronósticos de crecimiento por debajo de 2 por ciento. Por ejemplo, Citibanamex cree que la economía mexicana crecerá este año 1.6% y estiman que el desabasto de combustibles tendrá un impacto económico de 0.1% del PIB.

Credit Suisse considera que en su 1.2% de pronóstico para el PIB de este año, hay una parte que corresponde también a una baja por el desabasto de combustibles.

El presidente tiene mucha fe en que el combate a la corrupción va a duplicar el crecimiento económico, respecto al pronóstico del BofA-ML, por ejemplo. Mientras se mantenga en el terreno de la voluntad y no implique una intervención artificial en la economía estará muy bien.

Por lo pronto, mientras Carlos Urzúa esté al frente de la Secretaría de Hacienda hay razones suficientes para confiar en que el manejo de las finanzas públicas será pulcro y no habrá ningún intento de provocar un crecimiento económico artificial a través de un gasto público descontrolado. Y mientras el Banco de México tenga ese pleno respeto a su autonomía, ratificado por el propio presidente, no hay riesgo de un juego artificial de bienestar a través de la impresión de dinero.

Por lo demás, ojalá que esos otros datos presidenciales sean los buenos y la economía mexicana crezca sanamente por arriba de 2 o 3% como ahora lo apuesta. Eso sería muy bueno para todos en el país.