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Cuando en la 58 Convención Bancaria, en octubre de 1994, muchos de los que en ese momento eran banqueros le aplaudían a rabiar al presidente Carlos Salinas de Gortari, sin saber que para muchos de ellos ese sería su último aplauso como dueños de un banco.

Después de ese momento, las reacciones de los asistentes a las convenciones bancarias fueron mucho más mesuradas al momento de brindar aplausos a los presidentes y más cuando ya se iban.

Viene a cuento por la más reciente despedida de los banqueros a un Presidente. El aplausómetro siempre será un indicador frívolo de la relación con el poder Ejecutivo y es un hecho que fue un adiós muy tibio el que le dieron a Andrés Manuel López Obrador.

Pero lo que más llamó la atención fue la sensación de alivio de haber superado una prueba tan complicada para el sector financiero, como lo ha sido el sexenio de López Obrador.

Claro, sin cantar victoria porque todavía le quedan 160 días de poder presidencial y nada más hay que recordar la ocurrencia del populista López Portillo en su último informe de gobierno.

Entonces fue una despedida desangelada de López Obrador, pero con su alto grado de alivio. Algunos dirán que se trata del Síndrome de Estocolmo, otros dirán que eso es hacer política, porque eso de agradecer al Presidente saliente por haberlos dejado sobrevivir tiene su encanto para el psicoanálisis.

El presidente de la Asociación de Bancos de México, Julio Carranza, le dio las gracias a López Obrador ¡por no cambiar las reglas de operación de los bancos!

El jefe del Ejecutivo correspondió como él sabe, con una larga letanía de los otros datos que ahí quedarán para las anécdotas y la historia de las convenciones bancarias.

Lo que supera los relatos folklóricos del actual régimen es la manera como aquella quien sea la primera Presidenta de México va a poder recomponer el camino.

De entrada, la primera promesa es, otra vez, no cambiar las reglas. Vamos a respetar la autonomía del Banco de México, dice la candidata oficial, cuando debería ser un valor entendido por estar en la Constitución. En fin.

También hay la promesa de las dos candidatas de mantener las finanzas públicas sanas. El problema es que las cuentas públicas terminan el sexenio un poco maltrechas y será necesario tomar decisiones de ingreso y gasto que podrían no ser populares para reencausar en el mediano plazo los equilibrios perdidos.

El plan de corrección que pretende heredar Andrés Manuel López Obrador, a través de su secretario de Hacienda y de la carta de instrucciones que le dejará a quien le suceda, tiene el problema de estar sustentado en ese mundo de los otros datos.

El descomunal déficit fiscal para este año, estimado en 6% del Producto Interno Bruto y el fuerte aumento en el nivel de la deuda pública irá de la mano de los requerimientos para mantener vivo a Pemex el próximo año.

Entonces, si lo medimos en términos de los encuentros Presidente-banqueros, no hay que preocuparse por la manera como habrán despedir a la primera Presidenta dentro de seis años, hay que atender cómo van las cosas en materia de finanzas públicas dentro de un año.