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El argumento que utilizó Donald Trump para imponer aranceles al acero y al aluminio fue el de la seguridad nacional.

Para ello desempolvó una vieja ley que castigaba las importaciones en tiempos de la Guerra Fría. Así se castigó por ejemplo a Libia y sus exportaciones de energéticos en los años 80. Es una insensatez invocar peligros de seguridad nacional por importaciones mexicanas, canadienses o europeas. Pero Donald Trump lo hace y lo seguirá haciendo.

Lo que sigue en la mira de este radical es el mercado petrolero. En especial, tiene como objetivo de destrucción la Organización de Países Exportadores de Petróleo, la OPEP.

Históricamente, Estados Unidos tiene cuentas pendientes con este cártel petrolero, en especial de aquellos días en que el mundo de los energéticos se dirigía desde el Medio Oriente al ritmo que tocaran productores como Arabia Saudita.

El mundo cambió. Estados Unidos pasó de ser un país sediento y dependiente del petróleo externo a una nación cercana a la autosuficiencia, y eso le da margen este siglo para enfrentar a los países que tradicionalmente eran hegemónicos en este mercado.

Lo único que le hacía falta a Estados Unidos para abrir un nuevo frente de batalla con el mundo era un personaje con los impulsos bélicos de Donald Trump.

Ahí está perdido, entre tantos tuits, uno de hace unos días donde el presidente de Estados Unidos acusaba que los precios del petróleo estaban muy altos y que la OPEP estaba detrás de ello otra vez. Nada bueno, cerraba su disparo tuitero.

Puede quedar como un exabrupto más del presidente Trump si no fuera por un hecho. Así como Trump desempolvó la sección 232 para imponer aranceles al acero y al aluminio, así la siguiente jugada es sacar del armario legislativo la Ley Contra Cárteles de Producción y Exportación (en Estados Unidos la conocen como NOPEC).

Esta legislación propone someter a la OPEP a la ley antimonopolio Sherman de 1890, lo que posibilitaría a Estados Unidos, en su tradicional papel de juez y parte, sancionar al cártel petrolero por manipular los precios de los hidrocarburos. Ésta es una propuesta legislativa que ya ha estado en los escritorios de al menos dos presidentes, Bush hijo y Barack Obama, quienes se han negado a firmarla. ¿Imaginan lo que haría con ella un presidente que es capaz de separar a niños y bebés de sus padres en la frontera?

Para Donald Trump no es más que otro frente de su guerra contra sus aliados. Una manera de alentar su política de expansión económica que requiere que la inflación sea baja y que los consumidores tengan ingresos para gastar en bienes de consumo diferentes a los energéticos.

Es un hecho que la OPEP ha manipulado históricamente el mercado para fijar precios. Aunque también es una realidad que Estados Unidos apostó a su autonomía y lo logró a través del shale gas.

Y éstos son tiempos donde el gobierno estadounidense no echa mano de la diplomacia para conseguir sus objetivos, sino de la fuerza y la presión como mecanismo de negociación.

Así que no está lejos una nueva guerra. Ésta, en torno a los precios del petróleo.