En pleno 2022 pocas cosas pueden sorprendernos, el escenario en el que vivimos ahora está abierto a cualquier tipo de escena. La pandemia nos ha hecho resilientes y nos ha obligado a cambiar la rutina e incluso la forma de vida. A estas alturas, no caemos en pánico como aquel marzo en donde nos encerramos para casi no salir nunca de nuestras casas.

Pero sí podría mencionar una, y es que a tres años de la entrada de este nuevo gobierno las y los niños enfermos de cáncer han padecido un brutal maltrato y abandono en lo que se refiere a la atención médica y a la continuidad de sus tratamientos.

Los medicamentos siguen sin aparecer para todos, las quimioterapias no se completan, los tratamientos se interrumpen y vuelen a recaer, los papás no saben de qué manera ayudar a sus chiquitos para que no les duelan sus huesos, su cuerpo y sobre todo, no perderlos.

La realidad es que ni siquiera nos la podemos imaginar, los hospitales no se dan abasto, muchos papás que vienen de otros estados o de zonas muy lejanas duermen a la intemperie, porque no tienen a dónde ir a pasar la noche y no tienen suficiente dinero para ir y volver.

La problemática es más grande que solo ver escenas de papás manifestándose a las afueras del Aeropuerto o exigiendo justicia en la Fiscalía, la vida de todos alrededor de los chiquitos también está en riesgo. El desgaste emocional, físico e intelectual es magnánimo.

¿Cómo hacer para parecer fuerte y darle ánimos a tu hijo o hija cuando siente ese dolor insoportable? ¿Cómo te mantienes de pie cuando no has podido descansar en horas o días? ¿Cómo conseguir el dinero suficiente para llevarlo al mejor hospital? ¿Cómo conseguir más dinero para pagar los medicamentos por fuera, porque el gobierno no ha surtido y parece que no lo hará? ¿Cómo se mantiene el ambiente y la unión familiar? Y así, cientos de. “cómos” más.

El día de hoy tuve la fortuna de acudir con Gabriela de la Torre, presidenta fundadora de la fundación México Sonríe y de la diputada Mariana Gómez del Campo a entregar un tratamiento de quimioterapia para tres chiquitos de recién ingreso, el cual fue comprado con las donaciones económicas de muchas y muchos mexicanos que se sumaron a la campaña que organicé en el mes de diciembre “Buscando a Santa”.

Una iniciativa que me surgió por la impotencia de no poder ayudar, de darle vueltas en mi cabeza en cómo, cada que veía una noticia sobre el tema. De pronto se me vinieron las ideas y en un aeropuerto terminé de aterrizar lo que podíamos hacer todos como sociedad: ayudar.

Tenía claro que yo no tenía los recursos para hacerlo, pero quizá si invitaba a más gente a hacerlo, podríamos sumar un tanto que pudiera apoyar a las mamás y papás de niños con cáncer. Ayudarles con dinero, con compra de medicamentos, apoyarles con el gasto de los traslados, qué se yo.

La fotografía de hoy en este espacio es una imagen de agradecimiento a todos los que creyeron en mi palabra, pero, sobre todo, que compartieron sus sueldos y los niños sus ahorros para que niños como Jennifer, Irvin y Fany hoy completaran los medicamentos que les hacían falta en su tratamiento.

Confieso que iba con la intención de documentar visualmente, pero no se puede hacer cuando la alegría que te contagian por recibir unos frasquitos tan pequeños pero que significan tanto, te paraliza el corazón.

El papá de Jennifer con los ojos llorosos daba las gracias y les prometo que yo pensaba en automático en todos los que fueron sumándose enviando correos, mensajes, DMs, depositando desde distintos estados de nuestro México e incluso de Estados Unidos.

Que la sonrisa de Jennifer y su padre, nos sigan motivando a ayudar desde nuestras trincheras y dentro de nuestras posibilidades, porque de que se puede, se puede. Lo que para nosotros puede ser poco, para otros puede ser algo inmenso.

La ayuda continúa y es gracias a ustedes.

Gracias al Colectivo 50+1 y a la Fundación México Sonríe por la difusión y sobre todo por acercarme a la vida de estos pequeñitos.

Foto de Laura Garza