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Las cifras económicas de China son tan confiables como sus datos del Covid-19. Es básicamente una aproximación ante lo que puede ser evidente.

Es un lamentable hecho fortuito que un virus que habita en otra especie encuentre los mecanismos para brincar a los seres humanos. China puede tener ciertas condiciones por el número de habitantes y ciertos hábitos que puedan facilitar ese proceso, pero no es la única posibilidad. Por lo tanto, no es justo nombrarles responsables de la pandemia.

Donde sí son cuestionables es en la información que ocultaron sobre los casos iniciales y la manera en que aquella enfermedad extraña aparecida en el segundo semestre del 2019 se esparcía por su territorio.

Controlaron tanto la información inicial como la investigación forense de sus orígenes. Y en el camino, su población fue sujeta a estrictos controles para frenar su propagación. Eso es algo que sólo es posible en un régimen de dominio absoluto como el chino.

Será una historia difícil de reconstruir, por lo que el origen de la Covid-19 será uno de los grandes misterios de la humanidad y alimentará toda clase de teorías.

Lo que no es difícil entender es por qué esa economía será de las muy pocas que, con todo y el fatal año de la pandemia a cuestas, lograron una tasa de crecimiento positivo durante el 2020.

La realidad es que, así como se pueden dar ciertos factores para la dispersión masiva de un virus, así tienen las condiciones para su freno de manera radical.

Los castigos ante una desobediencia social de mantenerse en confinamiento, o de usar una mascarilla o atreverse a realizar alguna actividad prohibida, son impensables en países democráticos e inimaginables en naciones dominadas por el populismo. Pero, al final, fueron medidas efectivas para anular la transferencia de la enfermedad.

Siempre ha habido dudas razonables de la veracidad de los datos económicos de China. En algún momento ese país reportaba tasas de crecimiento maquilladas, con niveles de crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) en torno a 9 por ciento. Modificadas para esconder que realmente crecían al 12 o 13 por ciento.

Ahora, dan a conocer que en el 2020 tuvieron un crecimiento de 2.3 por ciento. Esta cifra si bien resulta extraordinaria en el contexto de uno de los peores años de la historia mundial, es también un dato terrible para un país que, como decíamos, se acostumbró a crecer a doble dígito.

De hecho, es su peor registro para el PIB desde 1976. Pero fue un crecimiento al fin.

Y para todos aquellos que hablan de una recuperación en forma de “V” ahí están los datos de su fatídico primer trimestre, con una caída del PIB de -6.8% y los tres trimestres posteriores con crecimientos de 3.2, 4.9 y 6.5% para completar el 2020. Aunque, claro, todavía muy lejos de su potencial en torno al 8% anual.

En poco más de tres semanas celebrarán su año nuevo y podrían no sólo festejar la recuperación de sus tasas de crecimiento, sino que podrían hacerlo de forma masiva, mientras el resto del mundo se mantiene en confinamiento a la espera de lograr inmunidad de rebaño.