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El Consejo Mexicano de Negocios cada año se reúne con el presidente de la República y hacen un espectacular anuncio de las inversiones que planean para cada año. La más reciente proclama de estos hombres y mujeres de los más importantes negocios de este país, fue en junio del año pasado e involucró 33,500 millones de dólares para el 2016.

Estos pocos milloncitos de dólares parecen palidecer ante el “anuncio” hecho la semana pasada por Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

Al calor de su reunión con el presidente Enrique Peña Nieto, este dirigente empresarial adelantó inversiones por 3.5 billones de pesos (permítame poner esta cifra con todo y sus ceros: 3,500,000,000,000).

Para tomarle una foto comparativa a tantos pesos, hay que recordar que el Producto Interno Bruto Nominal anda por ahí de 18.5 billones de pesos; por lo tanto, la cantidad tan cacareada representa más o menos 20 por ciento.

Quedaría la idea de que si tan sólo el CCE es capaz de comprometer tanto dinero para un año, seguro que con que otras organizaciones hagan lo mismo, ya no necesitaríamos a los gringos.

Nada le viene mejor a la imagen gubernamental que ver a uno de las organizaciones empresariales más famosas de México poniendo en charola de plata una cantidad de inversiones que ni siquiera somos capaces de imaginar.

Vale la pena clarificar lo que Castañón quiso decir. Más que un compromiso de inversión, lo que el presidente del CCE hizo fue un recuento de aquí y de allá de lo que se estima se podrá invertir en este país.

Ya sean pequeñas o grandes empresas, ya sean nacionales o extranjeras, lo mismo la compra de un carrito de elotes que una nueva planta industrial alemana. En fin, es un mensaje de que a pesar de las amenazas que llegan del exterior, hay fortalezas internas.

Dejar ver que los recursos son gracias al plan de esa confederación, que han llamado agenda Acción México, es impreciso porque hay cualquier cantidad de motivaciones para ejercer ese enorme monto de inversión privada.

Hay otras agrupaciones empresariales, como aquel equipo de grandes ligas de hombres y mujeres de negocios de México que cacarean inversiones que sí están directamente relacionadas con sus enormes unidades de negocio.

Es evidente que la economía mexicana tiene muchas más fortalezas que superan la relación comercial con Estados Unidos (EU); es absolutamente correcto pensar que este país tiene la fortaleza como para no dejarse doblegar por el gobierno de Trump.

Pero no hay que apropiarse de las causas comunes para fines particulares, tal como lo hacen esos políticos que corren a hacer giras por EU para arropar a los migrantes, cuando en su vida se habían preocupado por esa comunidad.

Así como unos se quieren apropiar de los mexicanos en Los Ángeles, que no haya empresarios que se quieran adjudicar las expectativas de inversión privada de toda una economía.

Además, hay que saber bien qué expectativas generar, de lo contrario ocurrirá lo que siempre sucede: presumen enormes fortalezas que nunca acaban por materializarse.