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Si algo debe tener muy tranquilo al mundo financiero mexicano y al propio gobernador del Banco de México es que personajes de la calaña de Manuel Bartlett voten en contra de su ratificación. Preocupante sería tener un espaldarazo de alguien así.

Debe también ser visto como parte de la normalidad política mexicana que senadores de la llamada izquierda alaben al personaje pero voten en contra de su ratificación por cuestiones dogmáticas.

Como sea, Agustín Carstens Carstens, con sus 84 votos a favor, 16 en contra y tres abstenciones está listo para enfrentar un nuevo mandato en condiciones totalmente diferentes a las que se han vivido en la primera mitad de la presente década.

En este primer periodo como gobernador del banco central mexicano, a Carstens podemos decir que le ha tocado administrar la abundancia.

Tras la gran recesión, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) entró al quite ante la imposibilidad del Tesoro de aplicar medidas fiscales para hacer que la economía se recuperara.

Ahí empezaron las tasas en cero y los planes de extrema liquidez que inundaron el mundo con dólares que salían de su mercado original en busca de los mejores rendimientos posibles, obviando el riesgo en la mayoría de los casos.

Con el financiamiento barato y la economía mundial deprimida, la inflación empezó a bajar de manera generalizada en el mundo, con excepciones de aquellos que se empeñaban en hacer mal las cosas, como Zimbabue o Venezuela.

Entonces para el Banco de México de Carstens no fue tan complicado bajar las tasas de las nubes, donde las tuvo el halcón Guillermo Ortiz Martínez, para ubicarlas en el nivel más bajo posible para una economía emergente como la mexicana.

Fueron momentos felices que culminan ahora con la inflación más baja en la historia contemporánea de este país.

Pero las cosas cambian. Quizá Agustín Carstens no tendrá que esperar hasta el primer día de enero del 2016 para iniciar su segundo mandato.

De hecho, hoy mismo en la reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México podría adelantar su estreno en los tiempos de las tasas altas que vienen.

El retraso en la decisión de aumento de la tasa de referencia de la Fed sólo prolonga una agonía. Pero lo que prevalece entre los que toman decisiones es pensar que en esta agonía no tiene caso aplicarse el harakiri monetario de forma adelantada.

El semáforo que debe tomar en cuenta la junta de gobierno es la inflación y este dato duro está en verde.

Siempre tendrá el Banco de México la posibilidad de convocar a una reunión extraordinaria de política monetaria y subir las tasas de manera no esperada, pero la tensa calma de los mercados parece abonar a la idea de que por ahora quizá no vale la pena moverse.

Como sea, Agustín Carstens tiene ya en la bolsa el nombramiento de su segundo mandato y es, como siempre, autónomo junto con sus subgobernadores para tomar las decisiones que hagan falta, ya sea hoy o en la reunión de octubre próximo.