Rifas de aire y premios de sangre

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Carlos MarínEl asalto a la razón

El sorteo se realizará pese a que no se han pagado 260 millones de pesos de la rifa que se hizo el año anterior con el señuelo del famoso TP-01 que nadie quiere comprar

Deformada para improvisar otro ¿dónde quedó la bolita? de feria, la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, usada antes para la desaseada no rifa del avión presidencial, avanza en su decaimiento institucional con el sorteo de bienes producto de las drogas y los narcoasesinatos para honrar a “los héroes que nos dieron patria”.

Casas, departamentos y terrenos confiscados a las bandas de Amado Carrillo, El señor de los cielos, y Joaquín, El Chapo Guzmán, figuran entre los premios que pondrán en riesgo las vidas de los desafortunados ganadores.

El sorteo se realizará pese a que no se han pagado 260 millones de pesos de la rifa que se hizo el año anterior con el señuelo del famoso TP-01 que nadie quiere comprar.

La Lotenal niega haber entregado 20 millones de pesos a cada uno de los 13 hospitales públicos dados por ganadores el año pasado y sale con la batea de babas de que no existen comprobantes de liquidación a ninguno de los establecimientos médicos en vías, como el del Issste en Tamaulipas, de chatarrización.

Gran sorteo especial número 235 del 15 de septiembre de 2020 se llamó aquella tomadura de pelo. Según se informó entonces, los hospitales ganadores fueron: dos de la Secretaría de la Defensa, dos del Issste, tres del IMSS y seis estatales de Morelos, Chiapas, Veracruz, Sinaloa, Guanajuato y Estado de México.

El director de programación y presupuesto, Enrique Blásquez Villagrana, le demandó al Comité de Transparencia de la Lotenal declarar de plano la “inexistencia” de información porque, dijo, es materialmente imposible contar con alguna prueba de que se pagaron los 20 millones de pesos comprometidos con cada uno.

La misma dependencia, en febrero, aseguró que dar a conocer comprobantes de la entrega del dinero a las unidades médicas “violaba el secreto comercial” y debía resguardarse como “confidencial”.

Cuatro meses después, la reportera Andrea Meraz reportó que la Lotenal da por “inexistente” la información.

El oprobioso extravío de los datos contrasta con el verificable pago a ocho escuelas de comunidades rurales, donde los acuses de recibo están firmados por los integrantes de los comités escolares.

La Lotenal informó que para la entrega de esos premios los planteles no tenían cuentas bancarias ni representantes legales, por lo que quienes gestionaron el cobro fueron padres y madres designados por la colectividad.

Con Azucena Uresti, la titular de la Lotenal, Margarita González, dijo que, además de no poderse comprobar la entrega de premios a los hospitales, había “un remanente” de 264 millones de pesos que fueron ingresados a la Tesorería de la Federación y quizás allí están los 260 que no han llegado a las unidades médicas.

Ese dinero, se supone, fue a parar al Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (ni modo que para el malestar) o a la Secretaría de Salud, que se encuentran hechos bolas con la adquisición de medicamentos oncológicos infantiles. ¿De qué ha servido pervertir la naturaleza de la Lotería Nacional…?

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