Odio a medios, capítulo dos

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Carlos MarínEl asalto a la razón

La vaguedad de la clasificación de notas “positivas” y “negativas” impide saber con precisión de qué se trata

Bastaría con que Morena es el único partido que postuló para gobernador a un probable violador sexual y tenía de diputado federal a un pederasta para comprender que en los medios tuviera más menciones “negativas” que “positivas”. Este miércoles, la inquisidora García Vilchis volvió a querer dar clases de periodismo y pontificar sobre la importancia de los contextos, pero convenencieramente omitió que su partido se puso de pechito con ese par de sexópatas.

De no ser grave que desde Palacio se “denuncie” a medios “convencionales” (prensa, radio y televisión) por difundir más notas “negativas” que “positivas” del partido en el poder frente a otras agrupaciones políticas, lo dicho en la mañanera de ayer sería para carcajearse. Aunque “primero los pobres”, se supone que la Presidencia de la República gobierna para todos los mexicanos, sin filias y fobias políticas, ideológicas, sociales, religiosas, raciales o económicas, lo que obliga al Poder Ejecutivo a comerse su opinión sobre los partidos pero, como la legalidad no es precisamente lo suyo lo suyo, utiliza sin recato los recursos del poder de los poderes para hacerle propaganda a Morena, aun recurriendo al deshonroso y deprimente recurso de la victimización.

La vaguedad de la clasificación de notas “positivas” y “negativas” impide saber con precisión de qué se trata. Sobre la patraña de que el patíbulo de cada miércoles “es un espacio de diálogo circular, de debate democrático y libre expresión”, la golpeadora presidencial, Ana Elizabeth García Vilchis, dio cifras de las mediciones que el Instituto Nacional Electoral, desde 1996, acuerda con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM para que sus investigadores registren la cobertura periodística a los partidos pero jamás, a pretexto de un imposible “equilibrio”, ha osado sugerir o instruir a nadie para que los desiguales sean tratados como si fueran iguales.

¿Por qué la señora ocultó que la mayor cantidad de las notas de que se quejó son neutrales y que lo “negativo” o “positivo” se dio en la presentación que hacen conductores de radio y televisión o en la opinión de articulistas y columnistas?

Más allá de lo censurable y muy probablemente ilegal de insistir en desacreditar y satanizar a medios y periodistas libres, ¿por qué Morena merecería un tratamiento periodístico “positivo”? Visto al revés el intimidante reproche, ¿acaso la Presidencia trata de manera “equilibrada” a su partido frente a los “corruptos”, “neoliberales” “conservadores”, “vendepatrias” y “mafiosos” de la oposición?

La desacreditación de periodistas y medios tiene el propósito de imponer como verdad única las mentiras que borbotean en las mañaneras, lo cual se ha vuelto tan normal como la lluvia. El problema está en alentar agresiones físicas a cargo de fanáticos con iniciativa que, por simple ignorancia, se animen a ponerle más rayitas a la patológica intolerancia que los cuatroteístas le tienen a la libertad.

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