Contra lo que había planeado, el Instituto Nacional Electoral está obligado a validar la recaudación en papel de las firmas requeridas para realizar la consulta popular sobre la ociosa revocación de mandato del presidente López Obrador, que sus promotores quieren de ratificación.

También serán legítimas las que se capturen con aplicaciones electrónicas, pero acatar la orden de ayer del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación hará imposible que el INE logre procesar la información en los 20 días de plazo que la ley prevé (cuarto transitorio), de suerte que lo más probable será que se postergue la fecha del ejercicio previsto para el 27 de marzo.

¿Hasta cuándo? Hasta que se consiga escanear las firmas en papel y se cotejen con el padrón electoral que el INE tiene íntegramente capturado de manera electrónica.

El razonamiento de la magistrada Mónica Aralí Soto Fregoso, autora del proyecto de sentencia que aprobó la Sala Superior, se antoja lógico: “Para recabar las firmas de apoyo al proceso correspondiente, deben emplearse en todo el país, no solo en lugares de alta marginación, tanto formatos físicos como herramientas electrónicas.

Ambos deben facilitarse para que queden a disposición de las personas interesadas en recabar los apoyos y, en su caso, quienes pretendan respaldar en cualquier lugar el proceso, elijan el medio, ya sea en papel o a través del dispositivo electrónico que conocemos como la app”.

El INE pretendía que la mayor cantidad de firmas fuera recabada por medios electrónicos y aceptar las autógrafas en papel, pero solo de 204 municipios (de los dos mil 458 que hay en el país) con alta marginación.

Las consideraciones del Tribunal se antojan sensatas pero no lo son: Uno de los problemas es histórico, ya que en todos los ejercicios anteriores (desde 2014 para la reducción de representaciones plurinominales y otras tres recaudaciones de firmas), así como los recientes experimentos para el tramposo “juicio a los ex presidentes”, se entregaron al INE alrededor de dos y medio millones de firmas en papel.

Casi en 20 por ciento resultaron patito porque correspondían a muertos, a seres inexistentes y gente que estaba en prisión (y existe un mercado negro de credenciales de elector que posibilitan fraudes). En esa ocasión, con esa cantidad aproximada, el INE tardó mes y medio en capturarlas.

Iluso imaginar que lo hará hoy en menos de la mitad de tiempo. Para evitar chanchullos y acelerar el proceso, el INE desarrolló una app tan efectiva (evita falsedades y falsificaciones) que hace dos años Morena la pidió para hacer su padrón electoral.

Otro gran escollo es que el Instituto, para verificar las firmas, deberá capturar una por una y dos o tres veces para el cruce con el listado nominal. El INE tiene la responsabilidad de no dejar pasar una sola firma que no tenga registrada.

De no aceptarse la postergación de una consulta que, dicho sea de paso, carece de cualquier sentido, lo que resulte será para desternillarse de risa.