La reaprehensión de Rafael Caro Quintero retrata dos bochornosas realidades: la turbia relación en materia de seguridad entre México y Estados Unidos, y el contradictorio y doblegable sistema judicial mexicano.

Mientras la directora de la agencia antidrogas Anne Milgram aseguró a sus subordinados que “el increíble equipo de la DEA en México trabajó en colaboración con las autoridades mexicanas”, el embajador Ken Salazar “aclaró” que “ningún personal de los Estados Unidos participó en la operación táctica que resultó en el arresto de Caro Quintero”, cuya detención “fue realizada exclusivamente por el gobierno mexicano”.

Lo que no negó es que la DEA participó con información y en la estrategia empleadas por la Marina Armada. Pero la DEA suele fabricar cuentos de historieta, como sucede, por cierto, con el asesinato de su agente Enrique Camarena y el piloto mexicano Alfredo Zavala.

Entre sus patrañas figuran las acusaciones contra un médico de Guadalajara y secretarios de Estado mexicanos por su imaginaria complicidad en la tortura y muerte del memorable policía.

Recién liberado Caro Quintero (octubre de 2013), la cadena Fox retomó algunas de esas ridículas versiones propaladas desde principios de 1985 (Camarena fue asesinado en febrero de aquel año), incluida la del supuesto involucramiento y “traición” de la CIA en el homicidio, más la mafufada de que, mientras Camarena era torturado, el doctor Humberto Álvarez Machain lo inyectaba para “reanimarlo” y no dejara de sufrir el tormento a que fue sometido.

El médico fue secuestrado en 1990 por policías mexicanos que lo vendieron a la chota gringa. Fue juzgado en una corte federal de Los Ángeles y salió exonerado en 1992, pero todavía en 2020 tuvo que denunciar a Netflix porque se le representaba en una narcoserie reviviendo a Camarena.

Otra gran mentira de la DEA fue sostener que, mientras torturaban y mataban al agente, estaban en la misma casa esperando el desenlace los secretarios de Gobernación y la Sedena, el procurador general de la República, el gobernador de Jalisco y un cuñado del ex presidente Luis Echeverría.

Luego (de) purgar 28 de los 40 años de cárcel a que fue sentenciado, Caro Quintero fue liberado por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Tercer Circuito y el Segundo Tribunal Unitario en Materia Penal con sede en Jalisco, por considerar que no se le debió enjuiciar en el fuero federal sino en el local porque el victimado no era diplomático.

Esa liberación agarró en la baba a la PGR, que apeló ante la Suprema Corte y ésta revocó la sentencia porque Camarena “era una persona internacionalmente protegida”. Por ello se activó la nueva orden de captura.

Lo rescatable hoy es la constatación de que, pese a la política de “abrazos, no balazos”, las fuerzas armadas conservan la efectividad que desarrollaron durante el abominado “neoliberalismo” y que, pese a los osos mexicanos a pretexto de una mal entendida “soberanía”, mantienen sólidos vínculos con las agencias estadunidenses…