El cuatroteísmo no cesa de dar tumbos tras el descontón que le propinaron las marchas en una treintena o más de ciudades, pero sobre todo por la impredecible y desbordante que tuvo lugar en la capital en defensa del Instituto Nacional Electoral.

De la descalificación y los insultos de la semana pasada contra los clasemedieros “corruptos” y “aspiracionistas” que se atrevieran a salir a la calle, la pretensión de pervertir las reglas y deformar las estructuras garantes de la democracia contemplada en el “Plan A” con la iniciativa de reforma constitucional pasó, del ridículo de intentar disminuir el número de manifestantes, al B sin viabilidad alguna de remendar leyes secundarias y al estéril C que de manera peregrina “trabaja” la mayoría morenista y moreniana de la Cámara de Diputados… en la Secretaría de Gobernación para aprobar la propuesta original, precisamente la misma que hasta el presidente López Obrador admite que está prácticamente muerta.

Es crónica la estulta insistencia en dizque “validar” disparates. Ejemplo fresquecito de esto es el anuncio del coordinador de los diputados morenistas Ignacio Mier, quien dijo esta tontería (con López-Dóriga en Radio Fórmula): “Tienen hasta el 23 de noviembre los partidos políticos para tomar una decisión. Si no, el 24 las Comisiones Unidas dictaminarán la reforma constitucional en materia electoral, y subirá al Pleno del 29 de noviembre.

Y ahí cada quien, después de 200 días que se está discutiendo este tema, ya todos sabemos. Jugar con los tiempos obedece a una estrategia de carácter político.

Por eso un ultimátum, políticamente. Tiene que circular el dictamen el 24; el 28, el 29, sesiona la Comisión y el 29 la Cámara estará discutiendo, y cada grupo parlamentario, cada coalición, deberá estar asumiendo, frente a los mexicanos, la decisión que tomen…”.

O sea: la mayoría simple en San Lázaro palomeará una iniciativa que AMLO aceptó ya no será aprobada por al menos dos tercios (mayoría calificada) del Congreso de la Unión.

La necia persistencia en caprichos condenados al fracaso es endémica en el oficialismo, como se vio con las innecesarias, irrisorias y onerosas consultas populares para “juzgar” a los ex presidentes y la revorratificación de mandato.

El enojo y el desconcierto por social noqueada del domingo explican el llamado a la contramarcha el domingo 27, que a nadie sorprenderá por la cuantía de participantes (entre convencidos y obligados), previsiblemente mayor que la espontánea que tanta irritación ha motivado.

De los tumbos resalta la ilegal exhortación de AMLO para que en 2024 se vote no solo por su corcholata sino en paquete, con todo y los candidatos a diputados y senadores de su coalición, para que no vuelva a ocurrir lo que tanto resiente: no contar a voluntad con el Congreso.

Alivia que la Constitución prevé no uno sino Tres Poderes independientes, y pesos y contrapesos autónomos como el Instituto y el Tribunal electorales…