Hace un año, en la víspera y el mero día de las elecciones del 6 de junio en Sinaloa, varios operadores políticos fueron levantados por pandilleros.

Ese mismo día, la candidata del PRI a la alcaldía de Badiraguato, Guadalupe Iribe Gascón, se retiró de la contienda y horas después uno de los secuestrados, hermano suyo, fue liberado por sus secuestradores. Zedryk Raziel, de Animal Político, recuperó aquellos días información que sirve para contextualizar no solo el retenazo que experimentaron el pasado viernes los reporteros de la comitiva presidencial, la naturalidad con que Andrés Manuel López Obrador asumió el preocupante suceso ni la cachetonería lacayuna del gobernador Rubén Rocha Moya (burlón, dijo que Felipe Calderón lo montó para perjudicar al Presidente), sino –y sobre todo– el alcance de lo dicho ayer por el siempre sorprendente Porfirio Muñoz Ledo sobre lo que supone “contubernio o alianza” del primer mandatario con el narcotráfico.

También esta primera semana de junio cobran actualidad y mayor verosimilitud las denuncias que los partidos de oposición levantaron ante la OEA (como lo hizo en México el ex gobernador de Michoacán Silvano Aureoles) sobre la probable y decisoria participación del crimen organizado en las victorias de Morena en media docena de gubernaturas.

El recuerdo de lo que fueron esas elecciones en Sinaloa viene a colación porque, según documentó entonces El Noroeste, tanto del levantón del hermano de la candidata priista (en la cuna del actual gobernador morenista Rocha Moya; de Ernesto Don Neto Fonseca Carrillo, Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, y Joaquín El Chapo Guzmán Loera), como de al menos otros siete levantones de opositores, la fiscalía estatal abrió (estériles) carpetas de investigación.

Por fortuna, todas las víctimas, algunas golpeadas y portadoras de mensajes amenazantes, fueron liberadas por sus captores o localizadas con vida. A su vez, Morena informó que recabaría datos para presentar denuncias por el presunto secuestro de algunos de sus militantes, pero sus candidatos y compañeros de viaje se alzaron con casi todos los triunfos.

El fiscal Juan José Ríos Estavillo dio cuenta de que ocho de las privaciones ilegales de libertad sucedieron en Culiacán, santuario de los herederos de la banda de Guzmán Loera, uno de cuyos hijos, Ovidio, capturado por el Ejército para su extradición (lo reclama Estados Unidos), fue dejado en libertad por orden del presidente López Obrador quien ayer, aludido por Muñoz Ledo, volvió a decir que saludó a la mamá de El Chapo porque “me merece todo mi respeto”.

Desde su condición de hombre libre, con su indudable experiencia política, firmeza de convicciones y brillante lucidez; fogueado en gobernanza y estudioso del Estado, correligionario de verificable lealtad (pero no incondicional) a López Obrador, Muñoz Ledo condensó y dio salida a lo que el sentido común deduce de los “abrazos, no balazos” o del “cuidado” que AMLO dijo procurar, por igual, a soldados y delincuentes…