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La oportunidad es única para unir aquí a dos personajes cuyos apellidos riman y ejemplifican “lo que no se debe hacer” en la administración pública: el cubano Miguel Díaz-Canel y el mexicano Hugo López-Gatell.

Quizás ellos coincidan en alguno de los actos conmemorativos de la Independencia y se la pasen a todo dar porque, aunque no tengan oportunidad de platicarlo, comparten características que los asemejan, entre las que sobresale que gozan de incomprensible admiración del presidente López Obrador.

El cubano tuvo la mala pata de presentarse ante la comunidad internacional (principios de julio) advirtiendo a decenas de miles de sus paisanos que se manifestaban contra su gobierno que “la orden de combate está dada, ¡a la calle los revolucionarios!”, convencido de que “nosotros vinimos aquí para, junto a los revolucionarios de este pueblo, demostrar que aquí la calle es de los revolucionarios y que aquí ningún gusano ni ningún mercenario nos va a tomar las calles”, pese a lo cual el gobierno mexicano, en vez de llamar al respeto de los derechos humanos, se solidarizó con la dictadura.

Hoy el indeseable “invitado especial” trepó en la nomenklatura comunista lambisconeando a los hermanos Fidel y Raúl Castro.

En México, el subsecretario López-Gatell ha venido haciendo lo mismo con López Obrador a partir de la inaudita declaración de que solo puede contagiar “fuerza moral”. Tan sencillito, como Díaz-Canel, López-Gatell colmó dos de los requisitos más apreciados por el Presidente: “lealtad a ciegas” y “90 por ciento de honradez, 10 por ciento de experiencia”. Si de mal gusto es la invitación al tiranuelo cubano, es lamentable que de pilón se le otorgue el honor de hablar de lo que el pueblo cubano carece: independencia y libertad. Honrado también por la 4T, nuestro zar anticovid ha de tomar en serio la hilarante puntada presidencial de que a un “estratega” como él ya lo quisieran otros gobiernos del mundo.

De la problemática cubana y el cacareado “bloqueo”, la “revolucionaria” coartada se desmantela cuando se constata que es el régimen de Díaz-Canel el que mantiene bloqueados a sus gobernados y se demuestra que el mayor proveedor de alimentos y manufacturas del mundo que tiene la isla es el aborrecido “imperialismo yanqui”.

El lector Francisco Javier Corchado Gómez pregunta sobre la pandemia en México: “¿Quiénes son los responsables? Encuentro muy brutales sus comentarios sobre el subsecretario López-Gatell, ya que la responsabilidad no es de él al 100 por ciento, sino compartida. Los que deben dar la cara son el secretario de Salud, que la verdad no sé quién es, y el jefe de los dos por aprobar lo que hace…”.

López Obrador, digo, al menos sí “da la cara” (aun a riesgo de enredarse con el tema). Lo reprochable es que “tiemble, truene o relampaguee” mantenga a López-Gatell al frente del combate a la peste porque su gestión es tan desastrosa para los mexicanos como la del “invitado especial” a los cubanos.

Convergentes y divergentes, los dos son impresentables…