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Junto con Morena, la mayor metamorfosis en marcha de la partidocracia mexicana es lo que han bautizado, con pobre inspiración: “Por México al Frente”.

Este Frente reúne al partido asociado con nuestra idea de derecha, el PAN, y a partidos que se asumen de izquierda: PRD y Movimiento Ciudadano.

Se les acusa de mezclar agua y aceite. Su respuesta es que no quieren sumar votos contradictorios en una alianza electoral, sino construir una coalición de gobierno nueva que, de ganar, se mantendría como tal hasta 2024.

El proyecto tiene mil aristas, pero se resume en un desafío: convertir la suma de los tres partidos y de los ciudadanos que se inclinen por ella, en una entidad distinta: el Frente.

Los partidos asociados han sorteado, con habilidad manifiesta, el primer reparto de sus candidaturas compartidas.

Llaman la atención las cartas cruzadas: que una visible personalidad de la llamada izquierda aparezca en el primer puesto de la lista plurinominal de la llamada derecha y viceversa.

El espectáculo es extraño, suscita dudas, se presta a profecías de fracaso. Es un hecho político, sin embargo, que el proceso de fusión avanza, vence obstáculos, mezcla lo inmezclable y está en la pelea presidencial, claramente, con el segundo lugar de las intenciones de voto.

La debilidad del Frente es el programa: qué quieren, en tanto Frente, para el país. Su candidato presidencial, Ricardo Anaya, ha hecho dos apuntes: un compromiso de renta básica universal y otro de modernidad tecnológica.

Las asignaturas pendientes son qué harán con la corrupción, qué harán con la impunidad, con la inseguridad, con la economía y qué con Estados Unidos.

El Frente apunta a la fundación de un nuevo  partido con vocación de triunfo y de gobierno. Sería un partido transversal ideológicamente, con causas de centro izquierda y de centro derecha, en busca de una coalición mayoritaria para gobernar.

Si entiendo bien, el Frente querría establecer un régimen de gobierno semiparlamentario, capaz de formar mayorías absolutas en el Congreso.

Todo esto requiere todavía muchas definiciones. Como esbozo en marcha, sin embargo, yo diría que el Frente es el proyecto de mayor calado y de más creíble modernidad que hay en los cambios de piel de la partidocracia mexicana.

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