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No le vamos a llamar recesión, primero, porque la narrativa oficial se encargará de negarlo hasta el cansancio. Sonaría terrible que los dos gobiernos de la autollamada Cuarta Transformación hayan iniciado con recesiones económicas.

Con los datos disponibles estamos cerca de dos trimestres consecutivos con caídas del Producto Interno Bruto, pero con un buen nivel de resistencia de los mercados laboral y de consumo, eso puede salvar, por ahora, a la economía mexicana de la recesión.

Hay dos elementos básicos para entender dónde está parada la economía mexicana en este momento, uno de los factores que explica la contracción es la pésima calidad del gasto público durante el 2024.

El presupuesto de egresos del 2024, que López Obrador le dictó a Ramírez de la O, estaba diseñado para impactar en el ánimo de los electores a un costo descomunal para la economía.

Reparto de recursos sin control entre la población con objetivos electorales, enormes transferencias para terminar a como diera lugar los elefantes blancos de infraestructura, que no generarían encadenamiento de la actividad económica, pero sí implicarían gastos futuros de recursos públicos para su operación, transferencias descomunales a Pemex y una opacidad protegida por una mayoría cómplice.

Tal despilfarro generó desequilibrios que tenían que iniciar su corrección a partir de este año para evitar una descomunal crisis financiera.

El otro elemento para entender la desaceleración económica que está a punto de encadenar dos trimestres consecutivos con caída es la pérdida de la confianza en la economía mexicana.

Por supuesto que las amenazas comerciales de Donald Trump han frenado los flujos de inversión. El sueño del nearshoring se ha transformado en la posibilidad real de salida de capitales para reubicar las fábricas en Estados Unidos.

Pero también, el modelo autoritario de desmantelamiento de las instituciones democráticas de México ha tenido un peso específico en la pérdida de la confianza de muchos agentes económicos.

La autocracia en ciernes, con todos los poderes que solían ser autónomos bajo el control de una sola persona, con el desmantelamiento de cualquier control del ejercicio del poder, como la destrucción del INAI, pesan en el ánimo de quien ya no sabe si invertir porque ante un conflicto legal, el gobierno será juez y parte literalmente.

Hasta hoy la economía mexicana no tiene síntomas de recesión, sí parece que habrá dos trimestres consecutivos con caída, pero, en adelante, se puede acabar la suerte cuando se cumplan dos de las peores amenazas que tiene en puerta la economía mexicana.

La primera, en tan solo una semana, con la aplicación de los aranceles recíprocos por parte del gobierno de Donald Trump, donde no hay claridad cómo quedarían las exportaciones mexicanas.

Y la segunda, cuando en 68 días se cumpla la inevitable expectativa de un fracaso en la elección de jueces, magistrados y ministros, y veamos que lo que resulte será altamente alineado a los intereses de la Cuarta Transformación.

Si desde hoy podemos predecir con pocas posibilidades de fallar quién presidirá la Suprema Corte, tampoco hay margen para no anticipar que el Poder Judicial que resulte estará del lado de un régimen que habrá enterrado el bono democrático que acompañaba a este país.

Así que, la recesión no ha llegado, pero podría estar cerca.