i en vez de pato laqueado en un sitio picudo Emilio Lozoya hubiera comido tacos de lengua en la calle, habría mostrado congruencia con su victimista coartada de haber sido usado (“instrumentalizado”) por Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, y evitado que Lourdes Mendoza lo atrapara pasándosela bomba como cualquier alto clasemediero y no como el ex funcionario federal que mejor ejemplifica la corrupción.

Aunque para decidir encarcelarlo el juez (José Artemio Zúñiga) dijo no haber tomado en cuenta las fotografías que la periodista le tomó el 9 de octubre, tiene su peso específico el alegato del representante de la Fiscalía General de la República, en el sentido que su desliz mostró el “poco pudor procesal” del acusado (lavado de dinero, asociación criminal y cohecho) por el soborno de 10 millones de dólares que recibió de la constructora Odebrecht.

Favorecido por la medida cautelar de libertad condicionada de que venía gozando desde que lo trajeron de España (julio del año pasado), Lozoya declaró ministerialmente que la fortuna mal habida la repartió entre legisladores y ex funcionarios, incluidos sus ex jefes (Peña y Videgaray), e implicó a los ex presidentes Felipe Calderón y Carlos Salinas de Gortari.

Todo el entramado fue, sostuvo, para aceitar la aprobación de la reforma energética que rechaza el gobierno actual. Sin embargo, el dinero que recibió, según han declarado sus corruptores, tuvo como único propósito que se comprometiera a darles contratos de obra para la refinería de Tula.

Con la voluminosa copia de la carpeta de investigación en su contra, uno de sus prominentes difamados, el ex candidato presidencial Ricardo Anaya, denuncia que Lozoya lo hace diputado cuando no lo era; que conserva el monto del soborno y que la FGR ha acomodado fechas y circunstancias a discreción para levantarle las acusaciones que lo empujaron a irse del país.

En los 15 meses de su blablablá, el único discutible “pez gordo” que la Fiscalía ha conseguido enchiquerar y a quien está por demostrarse en tribunales que fue beneficiado con sobornos del sobornado es el ex senador de Acción Nacional Jorge Luis Lavalle Murray.

De los diez (o diez y medio como también se dice) millones de dólares, ni siquiera un peso ha sido entregado por el ex director de Pemex como “reparación del daño”.

Por eso mismo, los acusadores de la FGR, Pemex y la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda le pidieron al juez dictar la orden de encarcelarlo, asegurando que hay nueva información en el sentido de que Lozoya posee y tiene acceso a dos millones de euros o dólares (ni en la precisión pueden ponerse de acuerdo), así como relaciones que le facilitarían huir por segunda ocasión.

El escandaloso caso Lozoya que comenzó a destaparse en el sexenio anterior (Videgaray no lo soportaba y tardó más de un año en convencer a Peña de correrlo), desde los primeros indicios, prometía ser una bomba pero hasta hoy no ha pasado de manifestarse como una triste pompa de jabón.