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El pasado lunes se reunieron el presidente de Estados Unidos Joe Biden y el primer ministro de China Xi Jinping. La reunión privada, que se llevó a cabo en el marco de la cumbre del G20 en Bali, Indonesia, había causado gran expectativa ya que se da en un contexto complicado.

Las relaciones entre China y Estados Unidos se encuentran en su punto más bajo en décadas. China y Estados Unidos se encuentran en una franca disputa por el liderazgo geopolítico y militar mundial del siglo XXI. Sin embargo, la disputa no se limita a estos ámbitos.

Para el especialista Nouriel Roubini, China y Estados Unidos también luchan por el liderazgo mundial en industrias claves para el futuro como la de tecnología, Inteligencia Artificial, machine learning, big data, y quantum computing.

Aunque la relación entre estas dos potencias siempre ha sido algo ríspida, la convivencia había sido llevadera por los fuertes incentivos y beneficios económicos generados por la incorporación de China a la economía global.

Sin embargo, en los últimos años, la relación ha sufrido un fuerte deterioro. En un inicio, la disputa comenzó como un tema comercial cuando el gobierno de Trump decidió imponer una serie de medidas proteccionistas incluyendo aranceles a ciertas importaciones provenientes de China que se han mantenido con la administración Biden.

Por su parte, la China de Xi inició un proceso de endurecimiento regulatorio y control político de las empresas privadas y principalmente en sectores estratégicos como el de tecnología. Este escenario de mayor control político se aceleró con la llegada de la pandemia y la implementación de la política sanitaria de Covid-Cero.

Ambos líderes llegaron a la reunión fortalecidos en términos de política interna –Xi por la extensión de su mandato en el Congreso del Partido Comunista a finales de octubre y Biden por el resultado de las elecciones intermedias en las que su partido mantuvo el control del Senado y perdió menos escaños a los esperados en la Cámara de Representantes.

Sin embargo, ambos líderes enfrentan problemas económicos en sus países. La economía de Estados Unidos enfrenta los peores niveles de inflación en cuatro décadas y una creciente probabilidad de recesión.

Mientras que la economía de China crece a su tasa más lenta en décadas con un modelo de crecimiento en el cual los resultados económicos han sido totalmente subordinados al control político.

En este contexto, la reunión entre Biden y Xi del lunes, que duró más de tres horas, arrojó una serie de conclusiones más constructivas a lo que esperaba el mercado.

De acuerdo a Biden, los líderes se hablaron de manera totalmente franca, mientras que Xi describió la reunión como profunda, cándida y constructiva.

El objetivo principal de la reunión era reestablecer los canales de comunicación y establecer un marco de convivencia civil a pesar de los desacuerdos fundamentales entre ambas potencias (liderazgo tecnológico, la soberanía de Taiwán y derechos humanos).

Aunque dichos desacuerdos fundamentales difícilmente se resolverán, los líderes parecen dispuestos a ceder un poco en ciertos asuntos que, a pesar de ser de menor importancia, podrían tener consecuencias positivas para la economía global y los mercados.

Aunque la disputa por el liderazgo global y las diferencias fundamentales se mantendrán, por ahora, parece que los incentivos para llevar la fiesta en relativa paz en se han vuelto más grandes ante los retos económicos que enfrentan ambas potencias.

Por ahora, la Guerra Fría del siglo XXI parece posponerse temporalmente.