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Se estuvo cerca de una nueva Gran Depresión.

Hace siete años el mundo estuvo cerca de una nueva Gran Depresión al estilo de lo que había ocurrido en la década de los 30 del siglo pasado.

Esa reflexión es una de las más importantes que Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), hace en su libro de memorias que está a punto de salir al mercado.

Es evidente que este banquero central tiene que defender su decisión de rescatar el sistema financiero estadounidense tras la caída de Lehman Brothers y su posterior innovación en materia de política monetaria.

Porque además de inyectar miles de millones de dólares de manera directa al sistema financiero, llevó las tasas al cero e implementó tres paquetes de hiperliquidez para inundar de dólares al mundo.

Evidentemente que Ben Shalom Bernanke tiene deseos de vender muchas copias digitales de sus memorias, quizá alguna que otra copia impresa, pero lo que más podría interesarle en este momento es que lo doloroso de la salida de su plan monetario es un precio justo ante lo que se evitó en su momento.

Vende bien que declare que le hubiera gustado ver en la cárcel a más de un financiero de Wall Street que fueron sin duda artífices de la gran recesión que reventó en septiembre del 2008.

Es de sentido común decir que las trampas hipotecarias, los movimientos especulativos y las operaciones fraudulentas no se hicieron solas, sino que alguien de carne y hueso las tuvo que diseñar y ejecutar.

La diferencia es que esa verdad de perogrullo de que las cosas humanas las hacen los humanos lo dice Bernanke ahora que vende sus memorias y no en el momento en que era el poderosísimo presidente de la Fed.

No es lo mismo contar una buena anécdota a la prensa que mandar un mensaje que hubiera obligado al departamento de Justicia a dar una respuesta. Pero así es la política.

Lo importante es que este es justo el momento en que hay que levantar el tinglado del rescate hipercreativo de la Fed. Tiene ya un año que se terminó la tercera edición del plan de compra de bonos, el QE3, y desde entonces cada reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed era un momento de tensión por el previsible final de la tasa cero.

Los bancos centrales son por necesidad poco claros en sus anticipos, porque si avisan lo que van a hacer, la especulación minaría su determinación.

Bernanke insiste en que fue lo mejor que se pudo hacer porque hoy las reacciones secundarias de esa medicina se sienten en los mercados y en la economía con ese encarecimiento del dólar.

Y es que a la actual presidenta de la Fed, Janet Yellen, y al resto de los que ahí toman decisiones les está costando trabajo encontrar la pista de aterrizaje adecuada para regresar la política monetaria a la neutralidad.

Los mercados viven aterrorizados con la inevitable decisión de la Fed de iniciar el proceso de alza de las tasas de interés y ése no es un ambiente sano para evitar que la especulación afecte de manera negativa esa determinación, lo que cierra un círculo vicioso.

Por eso, antes de que alguien voltee a ver a Bernanke y le reclame haber iniciado esta fiesta, el ex banquero se adelanta a decir que era o eso o el abismo.