Batalla por el federalismo. 4. La casa vieja


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Héctor Aguilar CamínDía con día

Dice el ministro José Ramón Cossío que hasta 2017 la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dedicaba a dirimir, en materia de federalismo, complicados temas competenciales: a quién le tocaba decidir sobre qué parte de las decisiones en materia de uso del agua, cobro de impuestos o cualquier otro de los innumerables huecos de legislación que hay en el maltrecho diseño de nuestro federalismo.

Dice el ministro José Ramón Cossío que hasta 2017 la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dedicaba a dirimir, en materia de federalismo, complicados temas competenciales: a quién le tocaba decidir sobre qué parte de las decisiones en materia de uso del agua, cobro de impuestos o cualquier otro de los innumerables huecos de legislación que hay en el maltrecho diseño de nuestro federalismo.

El mismo Cossío me describió una vez, con una metáfora, las discordancias paralizantes que hay en normas de los tres órdenes de gobierno de la República: federal, estatal, municipal.

Es como una casa de tres pisos, dijo, que no tiene escaleras del primer al segundo piso, que tiene puertas por donde se puede entrar pero no salir o azoteas que dan directamente a la calle.

Su conclusión es la que puso en el ensayo de un libro colectivo Y ahora qué. México ante el 2018 (Random 2018), que parece prehistórico ahora pero que puede ser de útil consulta para los funcionarios que empiezan a gobernar este 1 de diciembre.

Ahí escribió Cossío que el primer mandamiento de un estado de derecho es que se cumpla la ley, pero que para que la ley se pueda cumplir en México primero hay que ordenarla, hacerla clara y congruente para los tres órdenes de gobierno, con escaleras que lleven de uno a otro piso, puertas por donde se pueda entrar y salir, y azoteas que no den la calle.

Este es el ejercicio a que se dedicaba la Suprema Corte, dijo Cossío en la mesa sobre federalismo en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, a que me referí anteayer en este mismo espacio.

Pero lo que la Corte tiene que hacer ahora, en 2018, es dirimir un conflicto no de carácter técnico, competencial, sino de naturaleza política.

Siguiendo la metáfora, lo que la Corte debe definir ahora no es cómo debe ser la escalera que lleve de la planta baja al primer piso, o el atajo que va de la azotea a la calle, sino cómo debe ser la nueva casa que plantea la cuarta transformación en su ofensiva política, financiera y de control territorial sobre las entidades federativas.