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La semana pasada la Junta de Gobierno de Banco de México (Banxico) llevó a cabo su cuarta reunión de política monetaria del año, manteniendo la tasa de interés de referencia sin cambio,en 8.25 por ciento.

Aunque esta decisión era ampliamente anticipada, la atención del mercado estaba puesta en el tono del comunicado, buscando señales de posibles movimientos a la baja en el futuro cercano.

El anuncio se dio en un contexto donde los principales bancos centrales del mundo han venido dando señales acomodaticias y allanando el camino para posibles bajas en las tasas de interés de referencia en el corto plazo. En este sentido, Banxico no fue la excepción, y el mercado interpretó el tono del comunicado como más acomodaticio y como una señal de que el banco central está listo para reducir las tasas de interés en caso de que las condiciones lo ameriten.

A esta situación, hay que añadir que la decisión de mantener las tasas sin cambio en esta reunión no fue unánime, ya que uno de los miembros de la Junta de Gobierno votó a favor de reducir la tasa de fondeo en un cuarto de punto porcentual.

Dentro de las razones a favor de un recorte destacan las siguientes: I) la creciente probabilidad de una disminución en las tasas de interés por parte de la Fed y otros bancos centrales; II) una disminución en el balance de riesgos de la inflación ante la ausencia de presiones por el lado de la demanda (ante el deterioro en las perspectivas de crecimiento económico) y una mejoría en el comportamiento de la inflación no subyacente, y III) la apreciación reciente del peso frente al dólar.

Del otro lado de la moneda, dentro de las razones para mantener las tasas de interés sin cambios destacan las siguientes: I) a pesar de que el panorama inflacionario ha mejorado, la inflación aún se mantiene por arriba de las metas de Banxico; II) la estabilidad del tipo de cambio sigue siendo altamente vulnerable a factores como presiones arancelarias por parte de EU y la ratificación pendiente del T-MEC; III) la estabilidad financiera y del tipo de cambio también enfrentan riesgos relacionados con la situación financiera y calificación crediticia de Pemex, y IV) un incremento en los niveles de aversión al riesgo internacional como consecuencia de las tensiones comerciales, posibles conflictos geopolíticos, un Brexit desordenado y una mayor desaceleración de la economía global.

De todos estos factores a favor y en contra de un posible recorte en los próximos meses, hay dos que probablemente jueguen un papel preponderante en las decisiones de Banxico. La primera es lo que haga la Fed en sus próximas reuniones (se espera un recorte de al menos 0.25% en la reunión de julio).

La segunda es el factor de estabilidad financiera doméstica donde las finanzas y el plan de negocios de Pemex juegan un papel fundamental. En nuestra opinión, Banxico analizará cautelosamente todos los factores y no se precipitará a seguir de manera inmediata a la Fed, aun si ésta realiza un recorte en la tasa de fondeo en su reunión de finales de este mes.

A menos de que veamos un cambio sustancial en la narrativa de Pemex, es muy posible que Banxico mantenga la pausa monetaria durante algunos meses más, incluso cuando la inflación mantenga una tendencia favorable.

La encuesta de expectativas económicas de junio, publicada por Banxico ayer, anticipa un recorte de 0.25% en la tasa de fondeo en la segunda mitad del año, pero no hay un consenso claro sobre si esto ocurrirá en el tercero o cuarto trimestre.

En nuestra opinión, Banxico esperará hasta el cuarto trimestre para realizar un recorte en las tasas y, para que esto ocurra, será necesario observar un recorte de por lo menos 0.25% por parte de la Fed y una mejoría en el balance de riesgo externo y doméstico.