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El 2017 pudo ser un año de terror para la industria automotriz mexicana, por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Ha sido un año fantástico.

Al concluir el primer semestre hay récord de exportaciones y producción. Son 1 millón 513,000 vehículos producidos en México los que se vendieron en el exterior, de enero a junio. La cifra es 14% superior a la registrada en el 2016. De estos 80% fueron para Estados Unidos.

¿Se ha disipado el factor Trump? Las amenazas a las automotrices ya no están en las primeras planas y en el basurero se encuentra el border tax. No ha desaparecido, sin embargo, la obsesión del mandatario estadounidense por el déficit comercial con México. Esto queda claro por el documento que la administración Trump envió al Congreso, para enunciar sus objetivos en la negociación del TLCAN.

“Cómo va el déficit con México?”, dicen que pregunta Trump a sus allegados, con relativa frecuencia. Si lo quieren contentar, le pueden decir que en hidrocarburos y derivados la balanza cada vez es más desequilibrada a favor de Estados Unidos. México sigue incrementando las compras de gasolina, diesel y gas natural. Para hacerlo enojar, basta con mencionar lo que ocurre en la industria automotriz: el superávit mexicano pasó de ser 18,893 millones de dólares en el 2008 hasta 53,844 millones en el 2016.

En el 2017, la balanza se inclinará aún más a favor de México. Las cifras del primer semestre empiezan a marcar tendencia. Los 53,000 millones del 2016 podrían convertirse en algo más cercano a los 60,000 millones. Toda una historia de éxito, impensable hacía apenas seis meses. ¿Demasiado bueno para ser cierto? Quizá. Trump sigue siendo el presidente de los Estados Unidos y la industria de automotriz permanece como uno de los territorios simbólicos donde ese señor quiere dejar su huella.

Hay un escenario de riesgo para México: Donald Trump podría lanzar una nueva ofensiva en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Utilizar ese espacio trilateral para modificar la forma en que funciona la industria automotriz en la región de América del Norte.

México es el más vulnerable porque es el que tiene más que perder. La industria automotriz se ha convertido en parte del ADN económico del país. Está presente en 14 estados y genera 875,000 empleos directos. Esto es cinco veces más que en 1994, cuando entró en vigor el TLCAN. En la región NAFTA, desplazó a Canadá como segundo productor. Aporta 21.5% del PIB automotriz de América del Norte. Era 18% en el 2013 y menos de 10% en el año 2000.

Tres factores explican el dinamismo de México: la cercanía con Estados Unidos; los bajos salarios de una mano de obra superproductiva y la vigencia de acuerdos de libre comercio con 46 países, que le permiten a México ensamblar vehículos con insumos de esos países sin pagar impuestos por vender en Estados Unidos.

El equipo de Estados Unidos podrá meter presión en dos de esos tres factores: restringir el uso de insumos procedentes de países no NAFTA, a través de reglas de origen más estrictas, y generar un compromiso para reducir la brecha de los sueldos entre México y Estados Unidos en la industria automotriz. Esta ha crecido desde la entrada en vigor del TLCAN, a pesar de los incrementos en la productividad en las fábricas de México. El tercer factor, la geografía, no tiene remedio. Seremos vecinos de aquí a la eternidad. Sonrían, no es broma. Es una oportunidad.

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