LEOPOLDO GÓMEZ

Aún no es tiempo de celebrar

Aún no es tiempo de celebrar


Donald Trump acaba de sufrir su primer gran revés como presidente: no consiguió suficientes apoyos de su partido para tirar el Obamacare, una de sus promesas de campaña. Para los conocedores de Washington, estos tropiezos son gajes del oficio, pero para quien prometió a sus seguidores que se “cansarían de ganar”, la derrota es mayúscula.

La Casa Blanca ha anunciado que ahora se concentrará en una ambiciosa reforma fiscal. Aunque los republicanos comparten la idea central de reducir las tasas impositivas, su aprobación no será fácil, pues la propuesta también incluye un impuesto a las importaciones que divide al partido.

La derrota de Trump en la reforma de salud y los obstáculos que enfrenta en la fiscal muestran que ni sus bravuconadas ni sus “habilidades negociadoras” garantizan el éxito de su agenda. Buenas noticias para todos los amenazados, incluido México.

Pero aún no es tiempo de celebrar. Como ha dicho Jorge Castañeda, es difícil que Trump cumpla todas sus promesas, pero también es impensable que ni siquiera concrete algunas. Y aquí es donde México aparece como el eslabón más débil de la cadena de amenazas del presidente estadounidense.

Trump atrajo el voto decisivo de los blancos de mayor edad y menor educación a partir de propuestas más cercanas al populismo que al Partido Republicano: la construcción del muro, el endurecimiento de la política migratoria y el proteccionismo comercial. Y, al menos en el discurso, no le ha importado dividir a su país con tal de consolidar esa base social que lo llevó al poder y que cree ciegamente en él.

Al margen de lo que pase con la reforma fiscal, es muy probable que Trump endurezca ese discurso y busque avanzar en esas áreas clave. A decir de Judson Phillips, fundador del Tea Party Nation, si además de recortar impuestos y gastos, Trump avanza en el muro, “su base quedará enamorada para siempre” (NYT, 26/03/2017). Y lo mismo aplicaría en materia de migración y libre comercio.

Da gusto que se le compliquen las cosas a Trump, pero eso no nos saca de su mira. Su dedo se mantiene en el gatillo.