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No recuerdo en México enfrentamientos públicos de Presidentes de la República con gobernadores de los estados. El peso de los primeros persuadió siempre a los segundos de llevar la fiesta en paz.

Pero, ya que todo ha de cambiar con el actual gobierno, también empieza a cambiar esto, y acudimos a un pleito abierto entre el presidente López Obrador y el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro.

Los detalles del conflicto de estos días son confusos. Se refieren a las protestas violentas en Guadalajara por el homicidio del joven Giovanni López a manos de la policía municipal, en Ixtlahuacán de los Membrillos. El gobernador Alfaro atribuyó esa violencia a fuerzas orquestadas en los “sótanos del poder” de Ciudad de México y pidió al Presidente que los contuviera.

El dirigente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, del que Alfaro fue candidato, exhortó también al Presidente a detener “la insurrección” que, según Delgado, el Presidente alienta contra Alfaro.

El Presidente respondió exigiendo pruebas. Soltó después, en un discurso aparte, las palabras más duras que ha dicho respecto de que en la transformación que él encabeza ya no hay lugar para “medias tintas”: o se está a favor o en contra de él.

La pugna con el gobierno de Jalisco no es incidental. Está en el horizonte de una de las tendencias políticas más profundas del país. Me refiero a las ondas sísmicas de malestar y desacuerdo que sacuden al pacto federal, cuyo epicentro en estos días es Jalisco.

El manejo de la pandemia por el gobierno federal acabó de enajenar la voluntad de varios gobiernos estatales que escogieron tomar su propia ruta en la materia. La ruta más visible y radical fue la del gobernador de Jalisco, pero lo acompañan en su ejercicio de independencia gobernadores de otros ocho o nueve estados: Yucatán, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Durango, Chihuahua, Michoacán, Colima, Sonora, Guanajuato.

El litigio con Jalisco se inserta en ese horizonte: el de la inconformidad y la independencia creciente de los estados, cuyos gobiernos actúan, de hecho, como la única oposición política organizada que hay por ahora. Creo que hemos entrado en la accidentada senda de las decisivas elecciones de 2021.