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Es difícil encontrar a un megaempresario más vulnerable a la furia de AMLO que Alonso Ancira Elizondo. Este hombre, en su momento, fue muy cercano a Carlos Salinas de Gortari. En ese sexenio se convirtió en billonario, entre otras cosas, gracias a la privatización del sector siderúrgico. Ahora está bajo la lupa por una operación que causó perjuicio patrimonial a Pemex. En el 2014, vendió en 475 millones de dólares una empresa chatarra que no valía más de 50 millones, según la auditoría superior. El empresario actuó presuntamente en complicidad con uno de los “villanos favoritos” del sexenio anterior, Emilio Lozoya Austin. Por si le faltara una cereza al pastel, Ancira es también enemigo del senador Napoleón Gómez Urrutia, aliado de López Obrador en el mundo sindical.

Su detención es noticia porque hace varios sexenios que un empresario de grandes ligas no era detenido en México. Le otorga bonos extra al presidente porque le ofrece un ejemplo monumental de que está cumpliendo con una de sus promesas: no habrá nadie por encima de la ley. Alonso Ancira es el hombre más rico de Coahuila y uno de los más acaudalados de México. Su empresa, AHMSA, tiene un valor de mercado superior a 5,000 millones de dólares. Produce una sexta parte de todo el acero que se elabora en nuestro país y consume más de un tercio de todo el carbón de uso industrial en México. Emplea de manera directa a 20,000 personas.

Es significativo que no hubo voces que salieran en la defensa de Alonso Ancira, luego de su detención. Ningún organismo empresarial, ni siquiera la Canacero, elevó la voz. Es prueba fehaciente del temor y nerviosismo que genera la 4T entre la clase empresarial. ¿Es un caso aislado o el primero de la lista? La pregunta flota en el aire.

Al silencio y la falta de reacciones solidarias con el rey del acero abona su forma de hacer negocios: es implacable y juega al límite, sin importar los daños colaterales. Operó en AHMSA la mayor quiebra corporativa de la historia de América Latina, valorada en 2,300 millones de dólares. Gracias a los resquicios que ofrecía la vieja ley de quiebras de México, mantuvo el estatus de quiebra durante más de una década. Esto le permitió reducir al mínimo los pagos de sus pasivos. Al hacerlo colocó en una situación muy complicada a sus acreedores y proveedores, alrededor de 3,000 empresas.

Su detención en España ha puesto en marcha la máquina de los rumores. En juego hay muchas cosas, vinculadas a la eficiencia del combate a la corrupción y las relaciones entre AMLO y la IP. Alonso Ancira está lejos de ser una pera en dulce. Tiene amplia experiencia en litigios y toda la plata para contratar la mejor defensa que el dinero pueda pagar. Un dato que ahora es menor, pero podría tomar importancia en el futuro cercano, es que este empresario cuenta con la nacionalidad estadounidense, además de la mexicana.

La Unidad de Inteligencia Financiera ha encontrado un hilo que conduce a cuentas en Islas Vírgenes, un paraíso fiscal. En una de esas cuentas, AHMSA habría pagado a Lozoya su “propina” por la operación que dañó a Pemex. Al parecer, dicha cuenta sirvió también para mover dinero relacionado con Odebrecht. La historia es coherente para aparecer en un periódico, pero queda por ver si basta para convencer a un juez. ¿Logrará la Fiscalía General de la República construir el caso para encarcelar a Ancira? ¿quién seguirá?