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En México decimos que la hacen mucho de emoción cuando se levantan expectativas que tardan en cumplirse. Y no hay duda de que Mario Draghi y el Banco Central Europeo (BCE) la han hecho mucho de emoción con la puesta en marcha de sus programas monetarios no convencionales.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) con todo el pragmatismo del que son capaces en ese banco puso el ejemplo sobre cómo medidas tan heterodoxas como la compra de bonos pueden ayudar a revertir una contracción económica.

Hoy la Fed está en proceso de aplicar los antídotos a sus métodos de choque monetario. Pero en Europa lo siguen pensando, al menos hasta hoy porque mañana tiene que llegar el anuncio de algún plan de compra de bonos.

¿A quién, por cuánto tiempo, en qué montos? Son preguntas que alimentan la especulación pero que no tienen todavía una respuesta concreta. El consenso es que este jueves Mario Draghi tiene que anunciar algún plan extraordinario para apuntalar a la economía de la zona euro que ha entrado en territorio deflacionario.

El BCE es un organismo supranacional que tomará una decisión por arriba de los bancos centrales de cada uno de los 19 países integrantes de la moneda única europea. Esto implica que un plan de compra de bonos de deuda de los miembros monetarios implicará asumir el riesgo de 19 gobiernos independientes y divergentes.

Claro que con gusto podrían tomar los papeles de deuda de Alemania con su calificación crediticia perfecta, pero como sea los bonos griegos y portugueses con calificaciones por los suelos también tendrían que formar parte de un paquete de liquidez del banco central.

Claro está que el apoyo será para toda la región monetaria, pero eso implica que la cartera del BCE sólo podrá verse a partir de mañana en la medida en que los 19 socios asuman su parte del riesgo.

Evidentemente que esta condición para el apoyo de un Quantitative Easing europeo tiene todo el diseño alemán. No es un secreto que Berlín está en contra de un programa que asuma un riesgo multinacional del plan de compra de bonos, porque eso implicaría que todos le vieran cara de garantía alemana a cada bono.

El punto es que cada nación asume su riesgo y mantiene sus compromisos de cambio. España es el rehabilitado más notable del grupo. Tras sus excesos deficitarios hoy tiene una economía en corrección y con expectativas de crecer 2 por ciento. Pero Italia o Francia, por ejemplo, son los rebeldes que caerían en blandito en un plan general de compra de bonos.

Evidentemente, el mercado quisiera ver mañana un programa ambicioso, con mucho dinero y pocas preguntas para inundar de euros el mundo. Algo que permita reactivar la economía de esa región.

Así que lo más probable es que las condiciones que deberá poner el BCE para comprar bonos no van a gustar del todo al mercado, quizá se pudiera compensar con alguna buena cantidad disponible para tal propósito.

Pero al final del día la idea es reactivar la economía de un bloque tan heterodoxo como el de la zona euro y un paquete lleno de candados y corchetes puede ser una manera útil de hacerlo y no perder miles de millones de euros en el intento.