En elecciones competidas, pregonan los spin doctors, las brechas pueden ampliarse cuando se exhiben las debilidades de los candidatos. En Durango, los estrategas de la abanderada morenista a la gubernatura, Marina Vitela, asumieron que la alianza PAN-PRI-PRD era más vulnerable en La Laguna y enfocaron sus baterías contra la candidata priista a la alcaldía de Gómez Palacio, Leti Herrera Ale.

Apenas si iniciaba la campaña cuando Vitela tuvo en sus mano el expediente negro de la exsenadora y expresidenta municipal. Las pesquisas sobre sus negocios familiares eran poco exhaustivos, pero sobre todo, sin sustancia sobre asuntos torales. Aun así, autorizó que circularan dossier que sugerían nexos de la familia Herrera con organizaciones criminales y enlistaban una lista de empresas en las que aparecían sus hijas y sus hermanos.

Un mes después, cuando sus hijos fueron blanco de señalamientos del mismo calibre, Vitela ofreció una conferencia de prensa y con lágrimas demandó que su familia quedara excluida de cualquier campaña en su contra.

Hace tres semanas, el equipo de campaña de la abanderada aliancista en Aguascalientes, Tere Jiménez, dispersó la información sobre la Villa Blanca, una residencia que la hija de morenista, Nora Ruvalcaba, edificó en un predio propiedad de la candidata. Ni el monto ni la operación inmobiliaria son ilegales.

“Quien se ríe, se lleva”, justificaban. Y es que al arranque de la campaña —completaban— la exalcaldesa hidrocálida enfrentó señalamientos por presuntos actos de corrupción en la concesión del servicio de alumbrado público.

En vísperas del cierre de las campañas, se intensificó la guerra de encuestas y la propaganda negra inundó las redes sociales. A la publicación en dos diarios de circulación de mediciones que registran una ventaja inobjetable para Morena en Tamaulipas correspondió un envío masivo de un gráfico que mezclaba los logotipos de dos casas editoriales —El Universal y El Financiero—con un escenario electoral que carece de sustento.

¿Encuestas truqueadas? Los estrategas del abanderado de la coalición Morena-PT-PVEM, Américo Villarreal Anaya, confían en que su triunfo ocurrirá por un amplio margen y que habrá un récord de participación ciudadana. De ratificarse estos resultados el próximo domingo 5 de junio —confían— quedará comprobado que la guerra sucia ya no surte efecto ante un electorado más informado y crítico.

Villarreal Anaya responsabilizó al gobernador saliente, Francisco García Cabeza de Vaca y al candidato del PAN, César Verástegui Ostos, de enrarecer el ambiente en medios de comunicación y redes sociales y de promover una linchamiento en contra de él, de su familia y correligionarios, además de una persecución judicial sin sustento legal alguno.

¿Ojo por ojo? En vísperas del magno cierre de la campaña, circuló profusamente información sobre los viajes que la hija del candidato panista ha realizado por distintos sitios turísticos. De acuerdo con esa versiones, al ser funcionaria estatal —trabaja en la oficina del gobernador Cabeza de Vaca— está obligada a la austeridad y la mesura.

Morena incurrió en la guerra sucia. Para contrarrestar lo que llaman “operación de Estado”, los operadores de la abanderada aliancista en Hidalgo, Carolina Viggiano, decidieron abstraerse de la lógica de los ataques y reforzar sus estructuras de tierra. “Es ahí donde se amarran los apoyos, se hace política y donde importan los operadores”, insistieron. La candidata de Va por Hidalgo recorrió los 84 municipios y realizó 300 eventos. Hay confianza en que todo esto rendirá frutos el domingo.