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¿Quién lo mató? llevará a la audiencia a 1999, cuando Paco Stanley fue asesinado, un crimen que conmocionó al país y que a 25 años sigue sin resolverse
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La ministra Yasmín Esquivel dijo que esta atribución permite al MP recabar información para acreditar la existencia de delitos

El 8-M estaba fuera de los cálculos, pero tuvo un efecto demostración: la marea morada en la CDMX estuvo pletórica de jóvenes, abrazadas a una causa legítima e indignadas por la indolencia gubernamental. El último domingo de febrero, la sociedad civil también salió a la calle y alzó la voz, contra la embestida oficial contra los organismos autónomos.

Era la prueba de fuego. Los articuladores de Sí por México –la confluencia partidista y cívica que propone una frente amplio para el 2024— quisieron mostrar músculo, ante la Cuarta Transformación pero también ante las cúpulas partidistas. Y es que encapsulados en la mesa de negociación, Marko Cortés, Jesús Zambrano y Alito Moreno han acordado los tiempos y los formatos de la coalición en ciernes.

¿Y también las candidaturas? Después de un periodo complicado, a finales del año pasado, los líderes del PRI, del PAN y del PRD llegaron a un reparto de posiciones y potestades bastante conveniente a las partes: el PRI quedó con las candidaturas de Coahuila y el Estado de México, pero el PAN se arrogó las facultades para definir el método de selección del abanderado presidencial del 2024, el siglado ante las autoridades electorales y la nominación del candidato a la Jefatura de Gobierno en la CDMX.

El reloj de la coalición opositora está en manos de la cúpula partidista. Y el registro de los candidatos. Por lo mismo, los dirigentes de las organizaciones empresariales y ciudadanas que participan en ese mecanismo de participación decidieron enviar un mensaje, en concordancia con el humor social: el candidato debe ser cívico.

Una lectura rigurosa de las encuestas cierra espacio a las especulaciones: separados, los partidos opositores a Morena no son competitivos y los dirigentes políticos en pos de la candidatura acumulan tantos negativos como los emblemas tradicionales.

¿Los presuntos aliados están contrarreloj? ¿O en espera de una escisión morenista? La búsqueda del competidor de Morena —por ahora— se constriñe a encontrar al prospecto con mejor imagen positiva y el mayor techo electoral a nivel nacional… idea que implica la integración de Movimiento Ciudadano.

Roto el sistema de partidos, la ruta de la coalición es la única visible para los opositores a Morena. La ausencia de un liderazgo preponderante, dificulta el avance.

Un contexto de polarización —exacerbado desde Palacio Nacional— ha abierto espacio a la radicalización opositora. Y por lo mismo, un sector estaría a favor de una voz “intrépida y entusiasta” que ayude a hacer catarsis ante el hartazgo de un sector con la Cuarta Transformación, más que por una figura formal, experimentada.

El voto de castigo, más que una corrección del rumbo. ¿La beligerancia, más que la competitividad?

Cívico, es la condición sine qua non. Por eso, José Ángel Gurría cree que puede llegar a la interna que definirá al candidato opositor. Su estancia —casi dos décadas— fuera de México sirvió para diluir sus vínculos con la cúpula priista y ahora su visión para lograr la reconstrucción de México adquiere sentido.

En ese mismo trata de correr Santiago Creel Miranda, quien brincó de las filas ciudadanas a la política partidista y hace 18 años buscó ser candidato presidencial, tras su paso por el gabinete foxista. AMLO lo había derrotado en las urnas en el 2000 y para el 2006 ni siquiera pudo derrotar a los calderonistas. Pero esa es otra historia…

Creel Miranda ya alzó la voz contra AMLO. ¿Podrá apartarse del antiguo paradigma de la partidocracia? Con la misión autoimpuesta de consumar la transición mexicana, trabaja para conseguir respaldos en todos los frentes partidistas —incluido Morena y MC— además del empresariado y los medios de comunicación.

La suya —erigirse en un candidato capaz y disciplinado, con una estrategia sofisticada y herramientas modernas para derrotar al monstruo electoral oficialista— es una apuesta arriesgada.