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En un extremo, Podemos. En el otro, Ciudadanos y Vox. En la península ibérica se han incubado los modelos de las plataformas políticas que han trascendido a los partidos tradicionales, con una comunicación alternativa y un discurso radical.

A lo largo de la última década se han extendido formaciones similares en América Latina. Aunque hace dos décadas, en los albores del chavismo, surgió Primero Justicia, el partido que llevó a Julio Borges a la Asamblea Nacional y Teodoro Petkoff encabezó al MAS para buscar la transformación del sistema, luego de transitar por el comunismo y los movimientos subversivos.

Venezuela fue el primer país del hemisferio que vivió la implosión del sistema de partidos. El Salvador, uno de los últimos. Mauricio Funes forma parte de una misma vertiente de personajes carismáticos, al igual que Vicente Fox, que para llegar al poder asaltaron las estructuras partidistas. Nayib Bukele es harina de otro costal.

En ese péndulo que es la historia latinoamericana, una constante es el populismo. En Argentina, el peronismo adoptó una nueva ruta bajo Néstor Kichtner y Cristina Fernández, aunque sufrió un frenón con Mauricio Macri, cuyo liderazgo surgió de otras experiencias, distintas a la carrera partidista.

Los ideólogos de Podemos abrevaron de los movimientos sociales de América Latina, antes de su incursión a la escena política española y del 15-M. En ambos lados del Atlántico, a las protestas en las plazas entonces sobraba democracia y faltaba dirección.

Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Argentina están, junto con México, en el Grupo Puebla, una iniciativa articulada por académicos en la que participan políticos progresistas desde hace dos años.

En Europa, en el último lustro, se han redoblado los esfuerzos para que la sociedad civil y los partidos políticos confluyan en la acción que trata de frenar el avance de la izquierda en América Latina.

En el periodo, castigada por las clases medias indignadas por la corrupción y la impunidad de los gobernantes, la derecha debió entregar el poder. En la preparación de su regreso, ya ocurren algunas iniciativas continentes. Una reciente se dio durante la clausura de los cursos de verano del partido popular de Europa, con un diálogo peculiar entre el líder del PP español, Pablo Casado, y el expresidente argentino Mauricio Macri.

Y es que el país sudamericano irá a las urnas dentro de unas semanas, para elegir a sus parlamentarios. “Uno de los primeros países donde empezó el populismo tal vez sea pronto uno de los primeros en deshacerse de él”, confió.

Las autocracias son la nueva expresión de los populismos en América Latina, describió Macri. “Hoy los golpes de Estado no existen más como los conocíamos —bruscos, violentos, con tanques en las calles—, ya no son como antaño”, sostuvo en Madrid, un día después del asesinato del primer ministro haitiano. “Hoy lo que existe es que entra un personaje en el sistema y empieza a cambiar todo: un día un poquito menos de libertad de prensa, un juez controlado… sacamos los controles y cuando te quieres dar cuenta, es lo que le pasó a Venezuela. Un punto de no retorno”.

Las falencias del populismo gobernante —sostuvo— están encarnadas por el actual presidente argentino, Alberto Fernández. Y también pesa mucho la resistencia al cambio de la ciudadanía.

Macri trató de sintetizar su pensamiento con esta metáfora:
“El cambio también genera ambivalencias. Entonces, como somos los seres humanos, la misma persona que dice ‘yo quiero cambiar’ y cuando llega el último momento dice: me tiro al agua o no me tiro, estará fría o caliente, perderé o no perderé… O sea, ¿cuántas veces nos hemos salvado cuando nuestra mujer dice ‘ya no lo aguanto más, lo voy a tirar por la ventana’? y después dice: ‘¿y si no consigo algo mejor?’ y entonces se quedan aguantándonos más tiempo. Al final el cambio te genera esas dos cosas…”

Efectos secundarios
CONCIENTIZACIÓN. México tiene uno de los índices más bajos de donación voluntaria de sangre en América Latina: apenas 3% de las 2.1 millones de unidades anuales de sangre se recolectan en el país es bajo esa lógica, mientras que impera la llamada reposición o la recolección entre familiares. En aras de revertir esa ominosa tendencia ha surgido la iniciativa “Share Party”, auspiciada por EB Capital y Blooders, una organización que ha desarrollado una aplicación móvil que conecta a personas que requieren transfusiones con donantes y hospitales.