¿Ajuste, corrección o bear market?


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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

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Durante los últimos días hemos sido testigos de un ajuste importante en los principales mercados accionarios a nivel global.

Entre el máximo histórico del 26 de enero y el cierre el índice Dow Jones presentó un retroceso de casi 6.5 por ciento. Sin embargo, durante la sesión de este martes, la caída llegó a ser de 10%, borrando todas las ganancias acumuladas en lo que va del año y entrando en territorio de corrección, definido como un ajuste de 10 por ciento.

Después del mínimo intradía del martes, los mercados comenzaron a recuperar terreno y, en una volátil sesión, el Dow cerró con una ganancia superior a 2% con respecto al lunes.

Estos movimientos se dan después de una racha alcista de más de un año, periodo en el cual la volatilidad brilló por su ausencia y los mercados se mostraron relativamente complacientes, descontando un escenario optimista sin sobresaltos.

Sin embargo, la velocidad y brutalidad con la que se ha dado el reciente ajuste ha llevado a un creciente número de voces a cuestionarse si este episodio de debilidad es solamente un ajuste temporal, una corrección o si estamos ante el comienzo de una tendencia a la baja más prolongada que en el argot financiero se conoce como un bear market.

Desde el punto de vista técnico, una corrección se define como una disminución de 10%, mientras que un bear market ocurre cuando se presenta una disminución de 20% o más durante un periodo de al menos dos meses.

Un bear market también se caracteriza por la propagación de un sentimiento de pesimismo desenfrenado que lleva a los inversionistas a vender sus acciones de manera indiscriminada y a deprimir aún más los precios.

Para Tony James, presidente de Blackstone —uno de los gestores de activos financieros más grande del mundo—, los mercados accionarios podrían extender su caída hasta 20 por ciento.

James argumenta que un posible sobrecalentamiento de la economía podría contribuir a una postura monetaria más restrictiva que desinflaría las robustas valuaciones de los mercados accionarios.

Recientemente, Janet Yellen argumentó que los precios de ciertos activos financieros, como las acciones y los bienes raíces, son “altos”. Aunque Yellen evitó hablar de burbujas, si mencionó que los múltiplos precio/utilidad de los mercados accionarios se encuentran en la parte alta de su rango histórico.

Aunque la aseveración de Yellen es correcta, también es cierto que las tasas de interés que pagan los bonos del Tesoro, tanto de corto como de largo plazo —que representan la tasa libre de riesgo— se encuentran en mínimos históricos, lo cual permite justificar múltiplos más altos para los mercados accionarios.

El hecho de que la tasa libre de riesgo se haya mantenido baja por un periodo prolongado y la expectativa, hasta hace poco, de que las tasas subirían de manera muy gradual, permitía la existencia de múltiplos de valuación más altos. Sin embargo, la expectativa sobre el futuro de las tasas de interés está cambiando.

Para el presidente de Blackstone, la decisión del congreso estadounidense de aprobar medidas de estímulo fiscal cuando la economía estadounidense se encuentra en su fase de expansión más robusta en años, podría ser contraproducente para el mercado.

En concreto, James argumenta que las medidas de estímulo fiscal podrían ser un factor decisivo para obligar a la Reserva Federal (Fed) a incrementar las tasas de interés de referencia de manera más acelerada.

Si la combinación de una economía en sobrecalentamiento y un creciente déficit fiscal obligan a la Fed a actuar de manera más agresiva, podríamos estar ante el comienzo de un bear market. Sin embargo, si la inflación se mantiene bajo control y el crecimiento de las utilidades de las empresas se mantiene saludable, podríamos estar ante una sana corrección temporal en los mercados.

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