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Apunté ayer aspectos novedosos del discurso de Claudia Sheinbaum en su cierre de precampaña.

Hay en el discurso otro aspecto digno de comentario, que es el de sus definiciones históricas.

Para Sheinbaum, como para López Obrador, hay una historia buena, la de su causa, y una historia mala, la de sus adversarios.

Es una manía de vieja historia patria. Según Sheinbaum, ella y Morena representan a Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Zapata, Cárdenas y, ahora, también a las Adelitas, las sufragistas, el movimiento del 68 y la lucha por la democracia desde la izquierda a partir de 1988.

La oposición, en cambio, representa a Iturbide, Santa Anna, Porfirio Díaz, a “quienes fueron al extranjero a pedir que un emperador austriaco nos gobernara” y a “otros neoliberales que no vale la pena mencionar”.

No hay sorpresas en esta caricatura, pero si vamos a traer la historia de Morena y de su candidata hasta la transición democrática posterior al 68, entonces faltan al menos dos hechos grandotes.

Primero: durante décadas, no fue la izquierda sino el PAN quien sostuvo la causa de la democracia y peleó por elecciones libres. La izquierda peleaba por la revolución y sus variantes, como el sindicalismo independiente.

Segundo: el salto de la izquierda a la competitividad electoral no vino del movimiento del 68, sino de la escisión del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas en 1987.

Aquella ruptura fue la que dio paso a la elección competida de 1988, protestada por los cardenistas, pero también por los panistas con Manuel Clouthier a la cabeza. Tuvo por eso fuerza para acelerar las reformas democráticas que terminaron en la alternancia del año 2000.

La escisión del PRI con el segundo cardenismo, el de Cuauhtémoc, creó al PRD, reclutó a López Obrador de las filas del PRI y lo puso, primero, en la presidencia del partido, luego en el gobierno de la Ciudad de México, el mismo año 2000.

El linaje histórico más cercano de lo que Claudia Sheinbaum encabeza hoy, es la escisión del PRI encabezada en 1987 por Cuauhtémoc Cárdenas, a la que siguió la fundación del PRD.

Una historia borrada en su discurso.