Minuto a Minuto

Deportes Propuestas para modificar el reglamento de F1 2026
Es en definitiva un gran avance y pero también la confirmación de que las quejas, señalamientos y descontento generalizado sobre el nuevo reglamento estaban sustentadas y no solo se trata de una apreciación de algún sector en particular
Nacional El laberinto de Leonora Carrington cobra vida con una experiencia sensorial en México
El recorrido ‘Laberinto Mágico’ abrirá sus puertas el próximo 22 de abril en el Centro de las Artes Inmersivas en CDMX
Internacional Diálogo de sordos entre EE.UU. y Cuba: filtraciones, negaciones y la amenaza de la agresión
El gobierno de Estados Unidos exigió al gobierno cubano liberar en un plazo de dos semanas a presos políticos relevantes
Internacional Amnistía Internacional denuncia crímenes de lesa humanidad “impunes” en Venezuela en 2025
La represión del gobierno de Nicolás Maduro contra la disidencia persistió, con graves violaciones a los derechos humanos en Venezuela
Internacional Vertido de aguas residuales en río Potomac desemboca en una batalla judicial
Las demandas del Departamento de Justicia señalan negligencia en el mantenimiento del sistema de alcantarillado que desemboca en el río Potomac

Siempre he sentido en el lenguaje, en las consignas y en los lemas de la llamada 4T, una estrategia de travestismo conceptual. Palabras derrotadas en su valor de uso por la historia, como la palabra Revolución, tienen un sitio estelar en la retórica oficial bajo el más neutro y más aceptable disfraz de la palabra Transformación.

Bastante obvia es también la manera como el término neoliberalismo sirve para desahogos discursivos que antes se ejercían contra el Imperialismo o el Capitalismo. Los clichés de la vulgata marxista, observa con agudeza Rodrigo Negrete, economista y corresponsal heterodoxo, viven también, intactos, bajo este baile de máscaras lingüísticas.

En particular, me dice Negrete en un correo, vive travestida, pero determinante en el discurso oficial, la noción marxista por excelencia de “la lucha de clases”.

El peso conceptual de esta idea tiene consecuencias políticas severas. La mayor de ellas es que impide ver hacia la sociedad como otra cosa que no sea un campo de batalla, un espacio donde sólo tiene “cabida el conflicto entre grupos” irreconciliables.

No hay ahí un espacio abierto a la noción de “un gobierno para todos”, o a un “ideal de neutralidad” en las instituciones, porque bajo el disfraz de uso neutro, todo el discurso está cosido por el hilo de hierro de la lucha de clases y sus variantes conceptuales pobres vs. ricos, burgueses vs. proletarios, clase dominante vs. clases subalternas, capitalismo vs. socialismo, revolución vs. reacción.

Las equivalencias en el lenguaje travestido de la llamada 4T son bastante simples: transformación por revolución, pueblo por proletarios, neoliberales por burgueses capitalistas, neoliberalismo por imperialismo o capitalismo, y un etcétera no muy largo.

El problema no son las palabras, desde luego, sino lo que estas disfrazan: el proyecto político simplificado de una utopía regresiva que se propone como un futuro mejor y que tiene su inspiración profunda y su compromiso moral en regresar a alguno de los modelos más fallidos y oprobiosos de que se tenga memoria: el México de Echeverría, la Cuba de Fidel Castro, la Venezuela de Hugo Chávez y, en un descuido, hasta la URSS de Stalin o la China de Mao.