Las encuestas y los votos indican lo obvio: la oposición, toda incluida, es mayoría en el país. Su camino al triunfo en las elecciones de 2024 es ir unida en la candidatura presidencial y unida también, cuando sea necesario para ganar, en las demás candidaturas.

La unidad de la oposición está desafiada en lo fundamental por la decisión de Movimiento Ciudadano de ir solo a la contienda, de no aliarse con nadie en ninguna elección. La postura le ha redituado a MC triunfos resonantes, como la gubernatura de Nuevo León y la alcaldía de Monterrey, pero ha servido en otras elecciones para darle el triunfo al oficialismo.

Por su parte, la exitosa alianza PAN, PRI y PRD en las elecciones intermedias del 2021 tiene frente a sí un camino sinuoso, a menudo bombardeado por ambiciones partidarias infranqueables.

Es una oposición que por momentos atiende más a sus diferencias que a sus convergencias. A veces es más fuerte en ella el narcisismo de partido que la vocación de poder. La consecuencia es que, al fragmentarse, regala mucho de lo que podría ganar unida.  Los números son bastante claros.

El 6 de junio estarán en juego seis gubernaturas. La oposición ganará 1, si acaso 2, y perderá 4 o 5. Si hubiera ido unida en las seis, es decir, juntos PAN, PRI, PRD y MC, la suma de sus votos anticipados en las encuestas daría el resultado contrario: ganarían 4 o 5 y perderían 1 o 2. Los números a los que me refiero son los publicados por Alejandro Moreno: https://bit.ly/3LTFFHP.

Pondré aquí sólo el caso del estado de Quintana Roo donde se dio la mayor fragmentación opositora. El 9 de mayo de 2022 la intención de voto para la candidata de Morena era de 45%.

Para la del PAN/PRD, 30%. Para la del PRI, 12% y para el de MC, 11%. La intención de voto sumada de la oposición era entonces de 53%, 8% más que Morena. Pero Morena iba a ganar esa elección por 15 puntos.

¿Las cifras de Quintana Roo reflejan un triunfo por todo lo alto de Morena o una derrota autoinfligida de la oposición? Yo diría que lo segundo.