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Las reglas del T-MEC, como las de su antecesor, el TLC, son supranacionales. Obligan a los países miembros por encima de lo que mandan sus códigos locales.

Los someten a un arbitraje también supranacional para dirimir querellas. Todos los miembros quedan sujetos a las mismas reglas y con las mismas garantías.

Ese orden supranacional es el que da certidumbre a los miembros del acuerdo frente a la diversidad de costumbres y leyes de cada país. Por este camino, el TLC y ahora el T-MEC han creado un orden de producción y comercio cualitativamente distinto del resto de sus economías nacionales, al menos en México. El T-MEC introdujo dos grandes cambios en el viejo TLC: nuevas reglas para garantizar derechos sindicales y nuevas reglas para disminuir daños ecológicos.

En ambos casos las reglas del T-MEC están por encima de las leyes y de los usos y costumbres mexicanos. Serán difíciles de cumplir. Tanto que, en opinión de algunos expertos, esas reglas pueden leerse como una victoria de los sindicatos y de las empresas estadunidenses para hacer menos competitivo a México y recobrar empleos e inversiones en EU. Para cuidar de que se cumplan estas nuevas reglas hay en la embajada estadunidense de México dos nuevos agregados: uno laboral y otro ecológico. Las reglas laborales del T-MEC exigen que haya democracia sindical, elecciones libres de los líderes y aprobación por los trabajadores del contrato colectivo de trabajo.

El primer caso clave juzgado según las nuevas reglas ha sido el contrato de la planta de General Motors en Silao. La semana pasada, en una votación que certificó el INE, la mayoría de los 6 mil trabajadores de la planta votó contra el contrato negociado por sus líderes, afiliados a la CTM.

Seguirá una renegociación del contrato y probablemente un cambio en la titularidad del mismo. Hay mucho ruido sobre quiénes serán los beneficiarios del cambio, pero el hecho sustantivo es que, a partir del T-MEC, los trabajadores han adquirido el derecho de votar libremente por sus líderes y por sus contratos colectivos. Las reglas de la democracia han llegado al sindicalismo mexicano. Y en Silao han empezado a ejercerlas.