En una conferencia dada en el Museo Coral Gables de Miami, bajo los auspicios de la Fundación Internacional para la Libertad, el ex presidente de México, Ernesto Zedillo, trazó un panorama de la América Latina digno de ser escuchado. Es una visión crítica, inusual en presidentes mexicanos.

Dos de sus ideas rectoras son que nuestros países viven, desde el punto de vista político, una época de “regresión democrática”, y desde el punto de vista económico y social, no una “trampa del desarrollo” sino algo peor: una “trampa del predesarrollo”.

La regresión democrática en la visión de Zedillo tiene su origen en el ascenso de gobernantes populistas que, llegados al poder por la democracia, dedican sus esfuerzos a debilitarla y destruirla.

La democracia que creímos haber ganado en la oleada de la desaparición de las dictaduras de fines del siglo XX, está de nuevo bajo amenaza en el continente por la gestión antidemocrática de gobernantes populistas encumbrados por la propia democracia.

El 70 por ciento de los países del continente latinoamericano se encuentra bajo esta amenaza, dice Zedillo, tendencia que hay que lamentar no sólo por la pérdida democrática misma, sino por la destrucción paralela de la calidad de los gobiernos y de su capacidad para llevar a sus países las condiciones de bienestar y libertad largamente prometidas.

Prueba palmaria de la ineficacia de esos gobiernos, según Zedillo, es que entre los 10 países del mundo que peor manejaron la pandemia hay siete de América Latina, entre ellos los más grandes.

Fue en esos siete países donde hubo más muertos, más pérdida de empleos, mayor pobreza, desigualdad y sufrimiento. Los países grandes de América Latina calificaron en el espejo de la pandemia entre los peores del mundo.

La “trampa del predesarrollo” consiste, según Zedillo, en que pareciera que debemos empezar de nuevo, casi de cero, a combatir las tres grandes enfermedades de las que no hemos podido salir en nuestra historia: La enfermedad de la ausencia de Estado de derecho.

La enfermedad de la persistencia de la pobreza y la desigualdad. Y la enfermedad de economías raquíticas porque no están guiadas en lo esencial por lo único que puede fortalecerlas: la libertad económica.