Dijo el presidente de Chile, Gabriel Boric, de visita en México, que si hubieran hablado más, con diálogos más profundos, los gobiernos de América Latina habrían podido llegar a un acuerdo para tener un candidato común al Banco Interamericano de Desarrollo. Se percibe en sus palabras que habla en especial de México y de Chile, de que ambos habrían podido llegar a un acuerdo en materia de cuál candidato apoyar, de entre los tres que propusieron.

Porque Chile puso a uno, Nicolás Eyzaguirre, ex secretario de Hacienda de ese país, y México a dos: Alicia Bárcena, ex secretaria de Cepal, ahora embajadora de México en Chile, y luego a Gerardo Esquivel, vicegobernador del Banco de México.

La verdad es que la decisión del jefe del BID iba ya encaminada desde antes lejos de los candidatos de México y de Chile, en favor de Ilan Goldfajn, el candidato del presidente brasileño, Jair Bolsonaro.

El candidato del derechista Bolsonaro, al que no se opuso Lula, el nuevo presidente progresista electo de Brasil, tuvo 80% de los votos a favor para el puesto, incluyendo el voto de Argentina, que también había tenido un candidato al puesto. Argentina se declaró hace un tiempo, con México, bisagra de un nuevo “eje” latinoamericano. Un eje progresista.

El eje Argentina/México se quebró por lo pronto en la elección del presidente del BID. Argentina votó por el candidato de Bolsonaro y de Lula, en contra de los candidatos de México y, también de los de Chile, Colombia, Ecuador y Costa Rica.

El hecho es que en la primera salida diplomática de los nuevos gobiernos progresistas de América Latina, ganó el candidato sembrado por el presidente filo trumpista de Brasil.

En esto hay una simetría antiprogresista del presidente Bolsonaro con el presidente López Obrador, muy explícito en su defensa de los derechos democráticos de Trump a estar en Twitter, so pena de que desmerezca la Estatua de la Libertad (sic).

Si todo esto parece un tiro por la culata del batiburrillo progresista latinoamericano, es porque lo es. Tiene razón el presidente Boric: les falta mucho que hablar. O quizá hablan lenguas distintas que nada más parecen la misma.