Dice muy bien Jorge G. Castañeda que mientras más global es México en su relación con el mundo, menos mundo hay en sus dirigentes (https://bit.ly/3CCaqOp).

Un país cada vez más global ha sido gobernado en las últimas décadas por presidentes cada vez más provincianos. La semana que pasó se hizo más que evidente esta tendencia, una debilidad profunda del país.

El presidente López Obrador respondió como un retórico provinciano al voto de censura del Parlamento Europeo sobre la violencia contra periodistas y sobre el discurso presidencial contra la prensa, que ha tomado triste carta de ciudadanía en sus efusiones matutinas.

López Obrador respondió a los eurodiputados provincianamente, sin pasar por los controles diplomáticos elementales de su Secretaría de Relaciones Exteriores, como si el Parlamento Europeo fuese parte de la oposición mexicana a su gobierno. Llamó a los eurodiputados “borregos”, ignorantes e injerencistas por poner en su mensaje cosas que cualquiera puede constatar viendo cada mañana al Presidente.

Hay que ser muy provinciano, en el sentido de muy ciego a lo que pasa fuera de la propia aldea, para leer y contestar así lo que le dijeron desde Europa.

Al mismo tiempo que circulaba la crítica del Parlamento Europeo, afín a la previa del secretario de Estado, Antony Blinken, se difundió el balance anual de amenazas globales que hacen las dependencias estadunidenses de seguridad y justicia. Para el caso de México, el balance subraya la capacidad creciente del crimen organizado para capturar territorio y para forzar su acceso al poder mediante la manipulación de elecciones.

Otra advertencia del mundo sobre el provincianismo mexicano está siendo la invasión rusa de Ucrania y su impacto sobre los precios de la gasolina y de los alimentos, en un momento de inflación al alza en Occidente, y en México.

México es un país demasiado importante en el mundo como para no ser vigilado y llamado a cuentas por sus fallas en asuntos que son de interés global.

Los hechos globales moldean sin cesar nuestro país, aunque nuestros gobernantes no entiendan el mundo.  El mundo está en México y México en el mundo. No hay provincianismo patriótico que pueda anular eso.