Se inauguró ayer el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), una de las obras emblemáticas del gobierno.

Sí: el AIFA vale como emblema y como autorretrato de este gobierno.  Se inauguró un aeropuerto a medio hacer, con difícil acceso vial, al que las grandes líneas aéreas no quieren acudir, con categoría 2 en seguridad aérea y en el que no se podrá volar ni hacia ni desde Estados Unidos, pues no cumple con las normas internacionales en la materia.

Abrirá con seis rutas nacionales y una internacional: Volaris a Cancún y Tijuana, Viva Aerobús a Monterrey y Guadalajara, Aeroméxico a Mérida y Villahermosa, y Conviasa a Caracas, única línea internacional que saldrá de ese aeropuerto por ahora. El costo declarado del AIFA, en mayo de 2021, era de 85 mil millones de pesos. En marzo de 2022 se le aprobaron 116 mil millones.

La información de costos y contrataciones del AIFA ha sido puesta bajo reserva, como materia de seguridad nacional. Para ilustrar el ahorro que significa el AIFA, el Presidente suele comparar su costo con el del cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México, NAIM.  Vale.

Pero para obtener el verdadero costo del AIFA no hay que compararlo con lo que hubiera costado el NAIM, sino con lo que hubieran costado los dos aeropuertos.   Porque el AIFA costará lo que cueste su propia construcción, más el costo de la destrucción del NAIM, que lo hizo posible.

La suma es algo así como 450 mil millones de pesos. El AIFA retrata en muchos sentidos al actual gobierno:

Nace de una decisión presidencial caprichosa, destruye para construir, construye luego menos de lo que destruye, dispendia a nombre de la austeridad y entrega obras de baja calidad y de discutible transparencia.

En vez del aeropuerto de clase mundial que hubiera sido el NAIM, López Obrador entrega un aeropuerto regional, que provincianiza y atrasa a México, en vez de conectarlo y modernizarlo, como habría hecho el NAIM.

Si esto es un timbre de orgullo de la llamada Cuarta Transformación, queda claro lo poco que necesita ese orgullo para inflamarse y lo cara que le cuesta a México la inflamación.