María Amparo Casar (@amparocasar) y Leonardo Núñez (@leonugo) han hecho un cuadro de los gobernadores del cambio, es decir, los gobernadores de Morena y sus aliados, gestores territoriales de la llamada Cuarta Transformación.

Lo característico de esos gobernadores del cambio es que vienen en su abrumadora mayoría de las filas de los partidos viejos, a los que hoy combaten con pasión de conversos. Sólo tres de los 22 que se dicen de Morena son, por así decirlo, oriundos de ahí: Marina Ávila, de Baja California; Cuauhtémoc Blanco, de Morelos y Mara Lezama, de Quintana Roo, aunque todo mundo sabe que Cuauhtémoc Blanco es más bien de los estadios de futbol y Mara Lezama es más bien del Partido Verde. Layda Sansores viene del PRI, igual que su padre, priista de pro de las grandes épocas de ese partido: Carlos El Negro Sansores.

Del PRI vienen sin escalas Julio Menchaca, que acaba de ganar en Hidalgo y Américo Villarreal, que ganó en Tamaulipas. También del PRI y luego del PRD, son oriundos los gobernadores morenistas de Nayarit, Miguel Ángel Navarro; de Puebla, Miguel Barbosa y de Tlaxcala, Lorena Cuéllar. Del PRI y del PAN es oriundo Alfonso Durazo, gobernador de Sonora.

Y del PRD vienen Claudia Sheinbaum de la Ciudad de México, Víctor Manuel Castro de Baja California Sur, Rutilio Escandón de Chiapas, Indira Vizcaíno de Colima, Evelyn Salgado de Guerrero, Alfredo Ramírez Bedolla de Michoacán, Salomón Jara que acaba de ganar en Oaxaca, Ricardo Gallardo (PVEM) de San Luis Potosí, Rubén Rocha de Sinaloa y Cuitláhuac García, de Veracruz. Todos estos políticos renacidos o reciclados han cruzado el Jordán, han dejado atrás sus tierras yermas priistas, perredistas y hasta panistas, para encabezar hoy la marcha de sus estados hacia la llamada Cuarta Transformación.

No se ha escuchado de ninguno de ellos algo que se parezca a una autocrítica o una explicación autobiográfica o un alegato ideológico de por qué abandonaron las tierras que los vieron nacer y crecer, donde les enseñaron lo que saben y lo que son, para florecer ahora, transfigurados, en el milagro de la nueva era de México.

Si nos atenemos a las cifras, como dice Leonardo Núñez, el  95% de estos emisarios del futuro son en realidad “más de lo mismo”, documentables emisarios del pasado.