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Cuando la economía mexicana estaba en parálisis total durante el segundo trimestre del año pasado, cuando el Producto Interno Bruto tuvo una caída de 18.7% en ese lapso abril-junio en comparación anual, se elaboraron aquellos pronósticos que hablaban de un derrumbe de la economía para todo el año pasado de -10 a -12 por ciento.

El sentimiento de ese momento de una debacle no tomaba en cuenta que la reapertura de las actividades económicas implicaría un rebote que hacía inviable una caída de ese tamaño.

Vamos, ya quedaba claro que el gobierno de la 4T había dejado a su suerte a los agentes económicos y que eso no habría de cambiar durante toda la pandemia.

Pero, efectivamente, la reapertura de muchas actividades productivas durante el tercer y cuatro trimestres cambió esas expectativas de una caída económica a doble dígito durante todo el 2020 y llegamos al dato que hoy publicó el Inegi.

Ahora está ocurriendo el mismo fenómeno, pero de manera inversa. Con los datos disponibles, básicamente hasta noviembre pasado, las estimaciones han mejorado las expectativas de un rebote más dinámico de la economía.

Quitando los extremos, hemos visto una mejora en las estimaciones de 3% para este año, hasta pronósticos revisados en torno a 4 por ciento.

Hay un par de aspectos comunes en todos los pronósticos revisados al alza del comportamiento del PIB mexicano. El primero es que la vacuna se aplique de manera masiva, oportuna y efectiva y la segunda es que la gran locomotora de Estados Unidos será la que arrastre el pequeño cabús mexicano.

Ninguno de los pronósticos le da algún crédito a cualquier programa interno, gubernamental o privado, que ayude a hacer más dinámica la economía mexicana este año.

El problema es que muchas de estas estimaciones revisadas al alza parten de la base de que hay una recuperación en marcha desde el año pasado. No han tenido tiempo de incorporar a sus cálculos los efectos del repunte de casos de Covid-19 ni en México ni en Estados Unidos.

Una primera dosis de realidad llegó ayer con el resultado del PIB de EU. Durante el cuarto trimestre del 2020 el crecimiento anualizado fue de apenas 4 por ciento. Y la medición anual dejó al PIB de ese país con una contracción durante el 2020 de -3.5 por ciento.

En México, los datos de diciembre serán contrastantes con la incipiente recuperación de los meses anteriores y para este arranque de año, también hay que esperar crecimientos muy planos e incluso resultados negativos que pueden hacer recalcular a la baja los pronósticos más optimistas para todo el 2021.

El primer trimestre pinta para tener un resultado plano o incluso negativo. El segundo trimestre le va a regalar a la clase política gobernante un resultado estadístico que querrá presumir como un logro, pero no es más que un espejismo.

Será durante la segunda mitad de este año, si hay vacunas y si Estados Unidos realmente despega con fuerza, cuando veremos datos de recuperación económica más robustos y sostenibles.