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En la sociedad primitiva y homófoba mexicana se identifica a los varones homosexuales con el número 41, sin que haya muchos capaces de explicar el motivo y la razón para ello.  Peor aún, el 41 se identiifica por una tonta extensión de lo anterior, con la cobardía o la falta de carácter.
Lo del numerito 41 está ligado a un hecho histórico y un suceso poco comentado en los círculos políticos. Hace un par de años todo el asunto provocó una película mexicana bastante bien hecha; que evitó, casi en toda la cinta, caer en la simpleza de la caricatura de las personas que tiene preferencias sexuales diferentes a los que nos consideramos “normales”.
La historia recoge el hecho real de que el yerno del presidente Porfirio Díaz es un homosexual, que a duras penas cumple los deberes conyugales con su esposa, pese a que el suegro casi condiciona el apoyo a la carrera política del muchacho a la concepción de un nieto.
El protagonista, sin salir de su closet, pertenece a un grupo de respetables señores mexicans de élite, que comparten sus inclinaciones y que periódicamente hacen reuniones en una especie de club mantenido en secreto; en esas reuniones el desenfreno predomina y todos están felices conservando hacia afuera la apariencia de hombres respetables e importantes. El yerno presidencial se enamora de un joven de su cercanía política y lo lleva a iniciarse en esta particular logia, descuidando más las obligaciones maritales.
Resulta que el colectivo de “maricones” hace cada cierto tiempo un baile en donde el travestimo es celebrado aunque no obligatorio.
Ese año en particular sucede que la policía descubre y entra a la fiesta en pleno baile de parejas haciendo una redada de sus participantes. Cuando el jefe de la policía da parte al Presidente de la escandalosa operación, le presenta la lista de los detenidos, plenamente identificados: son 42.
El presidente Díaz tacha el nombre de su yerno de la ominosa lista y hace un comentario en formato de orden irrebatible: “yo sólo veo 41” Así se hizo la historia y comenzó la saga, perpetuando la hipócrita doble moral decimononica, que sigue vigente en México, y a los “jotos” se les sigue identificando como los 41s.
El miércoles de esta semana, el número de cuarenta y tantos será muy importante. 43 son los senadores decentes que si acuden a votar y votan como deben, frenarán la reforma ilegal del presidente López diseñada para desmantelar el Poder Judicial y hacerle una dependencia del Ejecutivo. Pascal Beltrán del Río escribió oportunamente que el gobierno anda en busca de un traidor, pusilánime  y cobarde que se pase al lado del gobierno para -por un solo voto- darle la mayoría calificada para partirle la madre a los mexicanos. Un cobarde 41, para los políticos mexicanos.
PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): El perverso de Putin, desde su imperial Rusia pretende dar doble sablazo a la política de los Estados Unidos y al proceso electoral para presidente de ahí; precisamente cuando el gobierno todavía de Biden ha empezado una persecusión en Estados Unidos contra de la RT, la televisora propagandista del régimen ruso por interferir en elproceso electoral, Putin expresa su apoyo a la candidata Kamala Harris. El dictador pretende disfrazar su movida como un distanciamiento de Donald Trump, pero le pega a Biden y a Harris.