#Video AMLO recuerda conflicto minero en Sonora con poema ‘Discurso a Cananea’
López Obrador durante conferencia matutina el 11 de junio. Foto de Gobierno de México

El vocero de la Presidencia de México, Jesús Ramírez Cuevas, recitó un poema sobre la huelga de Cananea, iniciada en 1906 por mineros de Sonora, a propósito de un cuestionamiento al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Durante la conferencia matutina de este 11 de junio, una reportera preguntó al presidente acerca del conflicto minero en Sonora, dado que el pasado 1 de junio se cumplieron 13 años de que el Gobierno Federal, en ese entonces presidido por Felipe Calderón, declarara ilegal la huelga.

El presidente López Obrador dijo que el conflicto actual de la huelga de Cananea está en manos de las autoridades laborales, incluso en organismos internacionales.

Lo que nosotros ofrecemos en estos conflictos es actuar con imparcialidad, no hacer, en efecto, lo que anteriormente se llevaba a cabo, que por consigna se perseguía y se beneficiaba a otra parte. Eso ya no lo hacemos”, dijo.

Posteriormente, el primer mandatario aseguró “querer mucho” a Cananea porque allí nació el movimiento revolucionario en México y pidió recordar con respeto a los mineros que murieron y a aquellos que fueron encarcelados.

Después de que López Obrador mencionara el poema ‘Discurso a Cananea‘, escrito por Carlos Pellicer sobre el conflicto minero, en la presentación del Gobierno Federal apareció el texto y el presidente invitó a Jesús Ramírez Cuevas a declamarlo.

A continuación, el poema ‘Discurso a Cananea’ completo:

No he de hablar de la sangre
ni de su prodigioso contenido;
ni del puño cerrado que gobierna
del lado izquierdo el regadío exacto
para que todo el cuerpo se alimente
sin que órganos o músculos carezcan
de cuanto equilibrando necesitan.

No he de hablar de la sangre,
viajera silenciosa,
el invisible y entubado pez,
vivo millón de gotas líquidamente augusto,
disciplinado al ritmo aparatoso
de un pequeño universo,
origen de razón y poesía.

La sangre,
la de los vasos siempre generosos,
la energía circulante a cada instante,
la que hereda zafiros, lodazales,
crepúsculos llorados en recuero
de amanecidos truenos militares.

No he de hablar de la sangre,
la aurora injustamente derramada
como el vino que espera al invitado
que va a llegar, pero que no ha llegado
porque un tzentzontle ha muerto en su ventana
cuando él iba a salir…

No he de hablar de la sangre
con que el niño al nacer mancha
su acto de nacimiento.

La sangre oculta en la mirada
del hombre socavón que circula en la mina,
la sangre que suda todos sus minerales.

La sangre oculta en la mirada
del hombre derrotado
en el salón de vidrio de la “justicia” humana.

La sangre oculta en la mirada
del minero dilapidado como riqueza anónima,
razonado por la avaricia
glóbulo empobrecido
en la arterioesclerosis de la mina.

La sangre oculta en la mirada
del que después de la protesta inútil
-los niños, la mujer, la calandria y el perro-
regresa al tiro envuelto en sombras miserables,
en trombas minerales,
en laringe de gases
y entre gallos de amanecer
así arrastrados como perros muertos
al rico basurero de la mina.
Dentro del gran oído de la mina
se escucha el rito de los hombres
que necesitan ocio y poesía;
hombres fragmentos de escombros,
hombres mendrugos
debajo de la mesa de capital jauría.

Canana, Cananea,
de tus tiros partieron
los primeros alientos de una aurora
que no ha dado la luz que necesito
para decir, de pueblo en pueblo,
que ya no hay tuberculosis producida por hambre
ni banquete de bodas de ciento diez mil pesos;
que ya no hay grandes puercos
que hocean entre la sangre y la traición
-¿verdad, Señor y Dios mío Jesucristo?-
que así Pérez Jiménez y Trujillo y Somoza y Batista
y Rojas Pinilla y Castillo Armas
-el inefable “azul” de Guatemala-
(¡sean, pues, más bandidos pero menos ridículos!)
me impiden con su estiércol caminar por mi América.

Canana Cananea, ¿imaginas el día
en que venga a decirte a tu oído de cobre,
que no habrá más reuniones con visos de naufragio
en Panamá, donde el primer Roosevelt
cometió el panamá
que dejó sin su brazo glorioso a Colombia?
¿Allá, donde Bolívar llora más aún que en Caracas?

Tu sangre y tu protesta son el árbol que aguarda
su banderín de pájaros,
rodeados girasoles de salud y belleza
poblados de palabras que convengan al hombre.

Canana Cananea,
tu nombre suena a arenas movidas por el agua
en que se baña el día surgido de tu pecho,
joven como el tumulto que agrupa tu escultura
apretada de brazos con que abrazas a México.

Sobre muros que duelen pintó Diego Rivera
la entrada y salida de la mina.
Chorrean dolor y rabia y vergüenza. Yo vi
pintarlos, cuando el día brotaba de mis manos
y entre huracanes de águilas rompí mi corazón.

Para encumbrar luceros tengo la voz a ti.
Tus noches minerales acarrean relámpagos
que abren en un fulgor las tormentas del mundo.
Llevo la cuenta de túneles de avaricia y cansancio
y en el rayo de sol que de Tabasco tengo,
he de contar un día, cuando vuelva a Tabasco,
lo que pesa el diamante que arrancaste al subsuelo:
huelga de Cananea,
¡alborea! ¡alborea! ¡alborea! ¡alborea!

Con información de López-Dóriga Digital