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“Nueva normalidad en México no debe ser precipitada”, afirman Antonio Lazcano y José Ramón Cossío
Familiares de pacientes con COVID-19 esperan a personal médico para recibir información en las inmediaciones del Hospital General de Tláhuac. Foto de Notimex

El científico Antonio Lazcano y el ministro en retiro José Ramón Cossío, ambos miembros de El Colegio Nacional, alertaron que la “Nueva normalidad” por el coronavirus COVID-19 en México, no debe ser precipitada.

En un texto publicado este miércoles por The New York Times, afirmaron que la ausencia de claridad en la estrategia del presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir la pandemia y para regresar a la nueva normalidad, “solo incrementa la incertidumbre”.

Agregaron que el gobierno federal no puede precipitar dicho plan ni evadir los datos concretos, toda vez que se “corre el riesgo de prolongar la crisis y aumentar las dimensiones de una enfermedad“.

Para no tomar decisiones potencialmente equivocadas la solución es simple: pasa por un acto de modestia y apertura de la información. En una democracia sana, el gobierno y sus funcionarios tienen la obligación de abrir a la discusión pública —a los ciudadanos y expertos— los análisis, premisas y datos que usan para sustentar sus decisiones. Es urgente hacerlo ahora, pues el número de casos sigue en aumento”, aseveraron.

Los miembros de El Colegio Nacional señalaron que el escenario en el país antes de la pandemia “hace que esta crisis pueda ser desastrosa”, toda vez que el sistema de salud mexicano estaba minado, lo que se acentuó con el nuevo gobierno ante una “migración desordenada del Seguro Popular al Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI)”.

El texto cuestiona el sistema Centinela de vigilancia epidemiológica, pues las autoridades no previeron que el SARS-CoV-2 es un patógeno desconocido.

Luego del aparente abandono del sistema Centinela, el gobierno ha echado mano de un modelo matemático en cuyo desarrollo ha intervenido el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y del cual no se han hecho públicos datos específicos. Con la escasa información dada a conocer, algunos especialistas en México y en el exterior han señalado sus limitaciones”, indicaron.

Agregaron que el modelo utilizado por la Secretaría de Salud no fue sometido a un proceso de discusión y crítica de la comunidad científica en México, lo que impidió una evaluación experta e independiente de las premisas científicas que lo sustentan.

Si la población en general y su comunidad académica en particular no tienen acceso a la información sobre el modelo, ¿cómo pueden discutir los fundamentos y las decisiones del gobierno? Esa es precisamente la base elemental del quehacer científico y de una sociedad que se asume como democrática. En una crisis como la que estamos viviendo, esa opacidad es inadmisible”, explicaron.

Lazcano y Cossío aseveraron que las autoridades “deben compartir los supuestos en los que basan sus modelos, su parametrización y los algoritmos que se están usando para que sus premisas, metodologías, resultados y rangos de incertidumbre sean analizados de manera crítica”.

Lo anterior con el fin de que la comunidad académica pueda participar y colaborar para evitar daños mayores en este tema.

Antes del retorno a la ‘nueva normalidad’, debemos todos conocer esos datos. Y es que mientras no exista una vacuna que permita proteger al menos al 70 por ciento de la población, el virus permanecerá agazapado entre nosotros y mantendrá su alto poder de contagio y letalidad. Es mucho lo que ignoramos del SARS-Co-2 y se espera que a esta primera oleada seguirán otras cuya intensidad desconocemos”, dijeron.

Indicaron que pese a que el “virus es genéticamente muy estable”, se debe mantener una vigilancia para detectar mutaciones y la aparición de resistencia bacteriana a los antibióticos utilizados en los hospitales.

El gobierno mexicano debe saber esto como también aceptar que el mundo dejó de ser lo que fue. Por las condiciones de este virus, no podremos terminar el confinamiento sin practicar seguimiento de contactos y la aplicación de numerosas pruebas. Solo mediante estas sabremos cuántas personas están infectadas y en dónde radican para entonces planear un regreso escalonado, altamente regionalizado e intermitente que evite la sobrecarga de nuestro sistema de salud”, concluyeron.

Con información de The New York Times