Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

No existen víctimas culpables o inocentes… todos son víctimas

No existen víctimas culpables o inocentes… todos son víctimas - Foto de Ana Paula Cámara
Foto de Ana Paula Cámara

Todos son víctimas, merecen respeto, son a quien llorará una madre, un hermano, una esposa, un hijo, una vecina, un jefe, una mascota...

El vivir y trabajar en una zona tan extrema en todos los sentidos te hace resistente, lo mismo eres tolerante a los cambios extremos de clima puede caer una tormenta pluvial seguida de una de arena, seguidas de viento fresco y un sol quemante.

Así como saber que lo mismo te tocará cubrir un evento de un enfrentamiento entre pandillas, una pelea domestica que terminó terriblemente mal, un enfrentamiento entre grupos rivales del crimen organizado, un golpe de calor en plena avenida principal, un indigente víctima de hipotermia, un carro incendiado en un lote baldío, una bolsa que se reporta como sospechosa que en realidad contiene “guarumo” ( lo que no se puede comerciar de la marihuana), o el delito más cruel cometido por el ser humano, un feminicidio.

Eran cerca de las 9 de la noche, el verano hacía los días mas largos, por tanto, la oscuridad justo empezaba a hacerse presente a esa hora, sonó el Matra.

La chica de la radiofrecuencia nos daba las coordenadas de una nueva escena de crimen, los puntos referidos eran que en una zona despoblada al suroeste de la ciudad, se había reportado al numero de emergencia un animal grande muerto.

Se había acercado la policía municipal como primer respondiente, habían informado que no se trataba de ningún animal, era una mujer que tenía ausencia de signos vitales y presentaba heridas visibles que eran compatibles con algunos signos de tortura y al parecer había sido violentada sexualmente.

La distancia entre el laboratorio y la escena de crimen era de 11 kilómetros, nos subimos a la camioneta, empezamos a prepararnos para procesar de manera minuciosa, intentar llegar antes que la prensa para cuidar la poca intimidad que aún le quedaba a esa mujer y evitar que fuera exhibida como trofeo a ocho planas, obtener el mayor número de indicios y observar lo que su asesino no vio que olvidó al depositar el cuerpo en ese lugar.

Para nosotros no existen víctimas culpables o inocentes, todos son víctimas, merecen respeto, son a quien llorará una madre, un hermano, una esposa, un hijo, una vecina, un jefe, una mascota, alguien va a extrañar aunque no pueda manifestar el dolor, como sucede con muchas de las víctimas del crimen organizado.

Llegamos a la escena de crimen, la policía municipal había delimitado la zona sujetando la cinta amarilla de sus camionetas, para crear un área amplia donde podamos trabajar sin el lente insistente de la prensa.

Bajamos el equipo, nos acercamos sigilosos, siguiendo los protocolos de acceso para no contaminar una escena ubicada al aire libre, colocar el tripie e iniciar la fijación fotográfica, colocar la brújula para establecer las coordenadas de ubicación exactas, la temperatura ambiente, si existen huellas de neumáticos, calzado, colillas de tabaco, tener certezas de cómo y cuándo fue depositada.

A simple vista, pudemos deducir que se trata de una femenina no identificada, en posición decúbito dorsal izquierdo, 15-17 años, un cronotanatodiagnóstico de 12-18 horas, livideces compatibles con la posición en que fue localizada, con las extremidades superiores sujetas mediante agujetas en la parte posterior del cuerpo, extremidades inferiores sujetas con un cable eléctrico de aproximadamente un metro de longitud, petequia visible en ambos globos oculares al examinar que es compatible con la asfixia mecánica, misma que junto a la confirmación de la violencia sexual, que establecerían que se cumplen los criterios para que sea tipificado como feminicidio.

Debemos llegar rápido al laboratorio, la toma de muestras por parte del medico forense  es nuestra prioridad, esa chica debe ser identificada lo más pronto posible.

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