Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Lo que dicen las manchas de sangre

Lo que dicen las manchas de sangre - Foto de Ana Paula Cámara
Foto de Ana Paula Cámara

Así se va tornando con la experiencia la visión de un perito forense, aprendes a ver belleza donde abunda el terror

Nos habían enviado a un curso sobre los tipos de patrones que deja el líquido hemático cuando abandona el cuerpo humano al perderse la continuidad de la piel, esa mancha de sangre que nos dice si esa herida fluyó de manera natural o violenta, si fue en un ataque o en un acto de defensa, si es arterial o venosa.

Habíamos hecho prácticas durante el curso con imágenes de diferentes escenas de crimen, unas muy dantescas que rondaban lo grotesco y otras con cierta belleza que radicaba en la pulcritud y discreción, así se va tornando con la experiencia, la visión de un perito forense, aprendes a ver belleza donde abunda el terror.

Empiezas a recordar escenas, y por ende a entender lo que sucedió en ese lugar antes de que fuésemos requeridos porque alguien perdió la vida.

Esa simple gota de sangre chorreante que quedó plasmada en la pared; la que quedó en el suelo de ese baño rodeada de otras más pequeñas y tiene la forma de una estrella; esas manchas barridas en el techo; las que se intentaron limpiar con un trapo que se encontraba cerca; las que de manera pulcra intentaron ser borradas con algún químico limpiador de pisos; la que fue pisada por el agresor y que convirtió su huella en una prueba de su estancia en el lugar; al igual que esa que nos regaló una huella dactilar perfecta en aquel espejo lleno de benzoilmetilecgonina que embalamos en un motel donde cinco hombres fueron asesinados y eso fue toda la evidencia que tuvimos.

También está esa herida supraciliar que me hice al no fijarme que había una rama de árbol muy baja en una escena de crimen en un parque, salimos de ahí con certeza de que habíamos aprendido bien, lo pondríamos en práctica en todas las escenas que vinieran, el mundo nos quedaba pequeño, ilusos.

Llegamos a un restaurante de comida rápida cercano al laboratorio, papas fritas y hamburguesas fue el menú, uno le quitaba las papas al compañero distraído, otro comía en silencio, alguno tarareaba una canción de moda, estábamos en calma, esa calma chicha que no presagia nada bueno, sonó el Matra.

La aparente tranquilidad de la ciudad había sido quebrada, después de veinticuatro horas sin un homicidio, se llegó a pronunciar en la prensa que se había firmado una tregua entre el gobierno y el crimen organizado, nunca se han tenido pruebas tangibles de que eso haya sucedido.

La chica de la radiofrecuencia fue clara, la indicación era dar prioridad a acercarnos al laboratorio, las camionetas estaban listas, un centro de rehabilitación para adictos había sido el blanco de un ataque por el crimen organizado, no se sabía el número de víctimas mortales, si acaso había heridos, solo que era prioritario acudir y prepararse para una larga noche o noches.

Durante el trayecto me acomodé el chaleco, uno nunca sabe lo que va a encontrar y es preferible cargar quince kilos extra a convertirnos en una víctima más.

Me coloque un ungüento común para la piel deshidratada entre la nariz y los labios para no perder objetividad con los olores fétidos que desprenden los cadáveres; me recogí el cabello no puedo darme el lujo de contaminar ninguna escena de crimen; me coloque doble guante de nitrilo, las precauciones para con nosotros deben ir primero; até fuerte las agujetas de mis botas y derramé un poco de agua en el nudo para evitar que se desaten y todo lo que eso conlleva.

Coloqué insumos en mi pantalón cargo por si no tenía acceso a mi maleta de trabajo, ya sea por el peso de la misma o lo importante del área, no teníamos ni la remota idea de cómo era la distribución del lugar.

Los centros de rehabilitación para adictos no son regulados por ninguna autoridad sanitaria o de infraestructura, simplemente se establecen, para quó o por quién es un tema tabú.

Algunos dicen que son fundados por adictos en recuperación para ayudar a quienes están donde ellos estuvieron, otros que son refrigeradores para “enfriar” sicarios que acaban de cometer un delito.

Nunca lo sabremos y de sus instalaciones no se tiene un plano, no hay vías de acceso controlado, salidas de emergencia, son casas o bodegas y ya.

Al ingresar, el piso era color granate en su totalidad, tenía una textura viscosa, el verano y el líquido hemático a la intemperie hacen que la consistencia sea como gelatinosa, el olor era una mezcla entre el hierro característico con diaforesis emocional y suciedad.

Las paredes que fueron blancas originalmente tenían las marcas características de quien coloca el pie flexionado hacia atrás mientras platica o espera y algunas gotas salpicadas de líquido hematico producidas por el contacto fuerte y rápido del pie al pisar para intentar correr.

Era un pasillo de si acaso siete metros de largo por 110 centímetros de ancho, donde quedaron quince personas que perdieron la vida y siete más con heridas de gravedad.

Había una cantidad infame de proyectiles percutidos en un área tan pequeña, que sería prácticamente imposible embalar de manera individual para crear una cadena de custodia, los testigos métricos eran insuficientes.

Nosotros fuimos insuficientes, nuevamente el crimen organizado nos había rebasado, había llegado el momento de respirar por la boca, lo aprendido en el curso se debía poner en práctica.

forenseperito
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