Biblioteca de México, conjunto de infinitos

Biblioteca de México, conjunto de infinitos - Foto: Juan Toledo
Foto: Juan Toledo

En el Centro de la Ciudad, en el corazón de La Ciudadela, esta biblioteca ofrece muchas cosas más que solo una enorme colección de textos

Aquí la gran memoria de los siglos que fueron, las espadas y los héroes, los lacónicos símbolos del álgebra, el saber que sondea los planetas que rigen el destino, las virtudes de hierbas y marfiles talismánicos, el verso en que perdura la caricia (…) J. L. Borges, “Alejandría, 642 A.D.”.

Portal hacia donde confluyen distintas épocas, hacia donde el conocimiento es inagotable y las personas pueden permanecer eternamente a través de sus libros, un frontón de piedra anuncia con letras de latón: Biblioteca de México.

Foto: Juan Toledo

 

En el Centro de la Ciudad, en el corazón de La Ciudadela, esta biblioteca ofrece muchas cosas más que solo una enorme colección de textos.

Construido en el siglo XVIII para albergar la Real Fábrica de Taba- cos de la Nueva España, el edificio fue luego la prisión donde el independentista José María Morelos pasó sus últimos días antes de ser fusilado, en 1815. Parque General de Artillería, Ciudadela, cuartel durante la Decena Trágica, oficina de las Secretarías de la Defensa y de Gobernación, a lo largo de la historia este lugar ha sido escenario de múltiples hechos importantes para el país.

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En 1931 fue declarado monumento histórico y quince años después, por iniciativa de José Vasconcelos, se volvió el recinto de la Biblioteca.

Hoy, su valor arquitectónico reside no solo en su estilo original, sino en las intervenciones posteriores. Yendo de la primera estructura hasta los detalles, de la superficie a los interiores, es como se va revelando la complejidad de la obra y la huella de distintas épocas sobre él. Piedra, acero y madera sumando más de doscientos años de antigüedad.

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El casco original, de tipo neoclásico, se levanta en una sola planta. Cuatro patios internos alrededor de uno central, delineados por sobrias columnatas, todos con piso de basalto. Entradas y salidas que trazan un laberinto de caminos infinitos, un recorrido que parece no acabarse nunca.

Para finales de los años 80, el arquitecto Abraham Zabludovsky (autor del Colegio de México) encabezó la remodelación en la que se incorporaron paraguas de acero y vidrio, habilitando nuevos espacios de uso sin alterar la forma del siglo XVIII. En 2011, con la idea de modernizar la biblioteca –y convertir La Ciudadela en la Ciudad de los Libros–, se inició un proyecto impresionante, dirigido por los arquitectos Alejandro Sánchez García (Museo Regional de Cholula) y Bernardo Gómez-Pimienta (Hotel Habita).

Foto: Juan Toledo

 

Además de la creación de nuevas áreas de exposición, lectura y trabajo, se instalaron las bibliotecas personales de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis, todos ellos figuras fundamentales en el devenir intelectual de México.

El diseño de las salas que res- guardan los acervos corrió a cargo de despachos como Arquitectura 911 sc (Quintonil), Taller de Diseño Ecológico (Casa Nic) y JSa (Hotel Carlota), los cuales aprovecharon los espacios a doble altura para incluir tapancos, así como las bóvedas catalanas del edificio para colgar pasillos de vidrio y acero inoxidable, y diseñaron iluminación y mobiliario para cada uno, además de asumir la curaduría de obras de artistas como Jan Hendrix, Perla Krauze, Elena Climent y Dr. Lakra.

Visitar estas salas es entrar en la mente de los intelectuales, atestiguar su permanencia a través del ambiente y de sus libros. La arquitectura y el interiorismo se llevó a cabo buscando traducir la esencia de los personajes, así que la colección bibliográfica se guarda entre objetos, manuscritos y frases que dan personalidad al entorno. En la sala de Alí Chumacero, por ejemplo, se ven un árbol y un busto de Luis Ortiz Monasterio que se encontraban en su biblioteca originalmente. En la de Carlos Monsiváis se exhibe un tapiz y un mosaico de gato diseñado por Francisco Toledo, en referencia al gusto del escritor por estos animales.

Foto: Juan Toledo

 

Las colecciones y los fondos reunidos en La Ciudadela conjuntan un valiosísimo acervo. Miles de volúmenes sobre ciencias puras, literatura, arte, historia, derecho, dramaturgia, psicología y materiales como revistas, mapas y fotografías que ofrecen un conocimiento inagotable. Para los curiosos y aficionados a la literatura es posible acceder a incunables, otros que datan del siglo XV y ejemplares con notas y dedicatorias de autores como Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Alfonso Reyes y Rosario Castellanos.

La biblioteca cuenta también con salas especiales: una dedicada a niños y otra para personas con discapacidad visual. Esta última, diseñada por Taller de Arquitectura (Centro Cultural San Pablo), además del préstamo de una diversidad de obras en braille y audio-libros, brinda servicios personalizados y actividades de sensibilización abiertas a todo público como proyecciones de cine “narrado”.

Foto: Juan Toledo

 

Para terminar el recorrido hay que visitar la librería Alejandro Rossi, en la que un fondo de espejo, la transparencia del suelo y las paredes plagadas de cajones, logran un juego del espacio que da la sensación de ser interminable. En ella se encuentran revistas especializadas, joyería, objetos de diseño y, por supuesto, libros.

Resguardo de la herencia bibliográfica y el conocimiento que de una u otra forma han conformado nuestra identidad como mexicanos y, más, como humanidad, la Biblioteca de México es una ciudad de libros infinita que reúne historia, arquitectura y letras, con una majestuosidad que difícilmente se encontrará en otro lugar.

Foto: Juan Toledo

 

*En colaboración con Hotbook

Texto por: FERNANDA ESCARCEGA CHAVARRIA
Narradora y ensayista. Nació el 24 de abril de 1990 en la Ciudad de México. Sus intereses la han llevado a escribir sobre ciencia, arte y sociedad, siempre con una intención literaria.

Fotos por: Juan Toledo. Dirección General de Bibliotecas.

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