Argentina, campeón del mundo… hace 30 años

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Hace 30 años, en el Mundial México 86, Argentina se convirtió en campeón del mundo por segunda vez

Eran las primeras horas del domingo 29 de junio de 1986, la Ciudad de México amanecía soleada a pesar de la lluvia del día anterior, y en las inmediaciones del Estadio Azteca miles de personas estaban a punto de vivir la segunda final de Copa del Mundo que se vivía en ese recinto.

Para muchos, todavía estaba fresco el recuerdo de lo que sucedió en esa misma cancha 16 años atrás, cuando Pelé y el resto de la selección de Brasil levantaron (y se quedaron con ella definitivamente) la Copa Jules Rimet tras vencer en la final del Mundial de México 70 a una espectacular selección de Italia por 4 goles a 1.

El primer estadio con dos finales, Maradona y la Guerra Fría

Hoy, el apodado “Coloso de Santa Úrsula” se convertiría en el primer estadio en la historia que recibiría por segunda ocasión la final de una Copa del Mundo, la cual sería disputada por las selecciones de Alemania (bueno, eran tiempos de la Guerra Fría, así que, en realidad, era la Selección de la República Federal Alemana) y Argentina, esta última comandada por la figura del torneo: Diego Armando Maradona.

Maradona ya había pasado a la historia en ese Mundial, en el que en 6 partidos ya había anotado 5 goles, pero dos de ellos, que había marcado una semana antes en ese mismo escenario, resultaron memorables: uno lo metió con la mano (sería recordado como “La Mano de Dios”) y otro en una espectacular jugada en la que él solo se llevó la pelota desde atrás de la media cancha burlando a cinco jugadores del equipo contrario.

Y el equipo contrario no era el representativo de cualquier país, sino que se trataba de Inglaterra, con quien Argentina vivía un conflicto armado por la posesión de las Islas Malvinas, así que Maradona había “vengado” a su país en la cancha.

Argentina ya llevaba tres partidos en el Azteca (también había jugado en Ciudad Universitaria y Puebla), mientras que Alemania pisaba por primera vez ese pasto después de haber pasado por Querétaro, Monterrey y Guadalajara. Por cierto, fue en tierras regiomontanas donde los alemanes vencieron a la Selección Mexicana durante el partido de cuartos de final, el cual tuvo que definirse en penales… y donde comenzó una “maldición” que persiguió al equipo mexicano durante años, además de que es la única vez hasta hoy en la que el Tri ha jugado el anhelado “quinto partido”.

Cábalas, hamburguesas y pollo

Los futbolistas argentinos son, quizá, los más supersticiosos del mundo, y el conjunto que participó en México 86 no fue la excepción.

Ellos estaban concentrados en las instalaciones del Club América, en Coapa, y una noche antes de que disputaran su primer partido fueron de paseo a Perisur, donde encontraron un restaurante de hamburguesas en el que decidieron cenar a escondidas, ya que tenían prohibido probar alimentos sin supervisión.

Pero como al siguiente día ganaron su juego, decidieron repetir esa rutina a manera de cábala antes de cada partido, lo cual fue avalado por el director técnico, Carlos Salvador Bilardo, después de que descubriera a sus muchachos en plena movida; sin embargo, eso no hizo muy feliz al médico del equipo, quien los tenía bajo una estricta dieta a base de pollo… lo cual también era una cábala.

Tribunas blancas

En ese entonces todavía se decía que los Mundiales que se jugaban en Europa eran ganados por equipos europeos y los americanos ganaban los organizados en América, por lo que, en el papel, los argentinos lucían como favoritos, especialmente por la presencia de Maradona.

Los alemanes se habían ganado al público mexicano desde antes de que iniciara la Copa del Mundo debido a que grabaron el video de una canción llamada “México Mi Amor”, la cual era un homenaje al país anfitrión interpretada por sus seleccionados y su director técnico, el mismísimo Franz Beckenbauer; además, durante su estancia, el equipo alemán impulsó obras de beneficencia, de las cuales, todavía hay algunas vigentes hasta hoy (aunque, eso sí, esa cercanía se rompió un poco después de que eliminaran al Tri).

Días antes de la final, en algunos medios se exhortó a la gente a asistir de blanco al Estadio Azteca con el fin de enviar un mensaje de paz al mundo (recordemos que eran tiempos de la Guerra Fría). Y ese domingo, efectivamente, las tribunas se pintaron de blanco, aunque hay quien asegura que eso más bien se debía a que la afición apoyaba a los alemanes (que ese día salieron con una camiseta verde y no con la blanca tradicional).

Lo cierto es que había afición que apoyaba a ambos equipos en las tribunas del Azteca, que ese mediodía registró un evidente sobrecupo que rebasó su capacidad que en ese entonces era de 110,000 espectadores, ya que había gente en escaleras, pasillos y puertas que no se querían perder semejante acontecimiento.

No fue el apoyo que esperaban

En medio de un ambiente festivo, el partido resultó algo tedioso, a pesar de que terminó 3 a 2 a favor de los argentinos; ningún gol fue obra de Maradona, por lo que Gary Lineker, de Inglaterra, fue el campeón goleador de México 86.

Así, Argentina se convirtió en campeón del mundo por segunda vez, después de que ganara su primera copa en el Mundial que había organizado en su país en 1978 y que es de malos recuerdos para los mexicanos (ahí, el Tri había recibido su peor goleada hasta entonces, cuando perdió 6-0 contra Alemania).

La afición terminó aplaudiendo la victoria de los albiceleste. Pero el comentarista de Televisa, Jorge “Ché” Ventura, argentino de nacimiento y que ese día se encontraba reporteando en la cancha en vivo para la señal mundial de TV, le preguntó al portero argentino, Nery Pumpido, qué le había parecido el apoyo de la tribuna, a lo que respondió que no había sido lo que esperaban.

Minutos antes, el Presidente Miguel de la Madrid, quien había recibido una fuerte rechifla durante la inauguración, le había entregado la Copa del Mundo a Maradona, quien la besó y la levantó victorioso.

Tras una accidentada vuelta olímpica, debido a que la cancha se encontraba llena de personas de “pantalón largo”, los argentinos celebraron su triunfo en la Copa del Mundo, el único desde entonces, a pesar de haber disputado dos finales más, una en 1990 y otra en 2014.

Por Carlos Tomasini (@carlostomasini)

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