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La semana pasada me referí en este espacio a las dificultades para consolidar una alternativa de oposición a Morena desde la izquierda. Por la orientación ideológica del partido gobernante, argumentaba que se abren más posibilidades desde la derecha. Y esa, en principio, es una importante ventaja para el PAN.

Recientemente hemos visto cómo la derecha en América Latina ha ido desplazando a los gobiernos de izquierda que por tantos años dominaron la región. Primero triunfó Macri, luego Piñera y, más recientemente, Bolsonaro. El caso brasileño es, sin duda, el más ominoso.

Si en México el PAN no logra superar sus divisiones y reposicionarse ante el electorado, y si el PRI tampoco ocupa ese espacio, un vuelco hacia la extrema derecha, como el que se vivió en Brasil, no puede descartarse.

La tendencia es mundial. Basta ver lo que está pasando en Italia, Austria, la República Checa, Alemania e incluso España, en donde Vox, el nuevo partido de extrema derecha, podría definir las próximas elecciones. Vox ya registra apoyos de dos dígitos, no muy lejanos a los de Podemos. Aunque la derecha populista no siempre ha accedido al gobierno, es innegable su impacto creciente en la política contemporánea.

Es cierto que en México, la migración no tiene ahora el peso para soportar una derecha de este corte. Sin embargo, hay otros cimientos sobre los que podría construirse. La inseguridad destaca entre ellos.

Ya vimos en las pasadas campañas la facilidad con la que esa preocupación llevó al planteamiento de barbaridades como la mutilación. Si esas propuestas no funcionaron fue porque López Obrador encauzó el descontento social hacia la esperanza de cambio.

Pero en un escenario de polarización y expectativas insatisfechas, el vuelco del electorado hacia la mano dura y los llamados al “orden y progreso” sería factible. El mensajero podría usar la plataforma de algún partido existente, en proceso de creación o una candidatura independiente.

Este no es un desenlace obligado, por supuesto, pero la debilidad que ahora se percibe nos obliga a indagar de dónde y sobre cuáles bases podría surgir la oposición. Y, sin duda, la extrema derecha o derecha populista es una posibilidad.